Nunca antes la tragicomedia de la renta alcanzó niveles tan surrealistas como en el reciente sainete digno de Sor Juana, pero dirigido por los mismísimos hermanos Coen en la Colonia Zimix. Escuchen, atentos lectores, la fábula del cobrador que fue a cobrar y acabó pagándola carísima.

Cuenta la crónica que un hombre, armado apenas con su dignidad y la esperanza de recibir los tres pesos de renta, tocó la puerta confiado, sin saber que estaba cruzando el umbral de la Casa del Terror—patrocinada, por supuesto, por los inquilinos morosos y agresivos, especialistas en la “negociación” por métodos dignos de la Santa Inquisición (cautín incluido, ni para ahorrar gas).

¿Quién imaginaría que Mariana y Susana, de 23 y 21 años respectivamente, junto con Carlos, el compinche treintañero, ofrecerían hospitalidad al modo medieval: encierro, golpes y una “spa” de quemaduras? Todo, porque el hombre inoportuno (ese villano en busca de justo pago) exigió el abominable tributo mensual. ¿Pues qué pensaba el ingenuo? ¡En la Zimix se paga con sangre, no con pesos!

Los lectores se preguntarán si la vida imita al cine o si el cine se rehúsa a competir con las veras mexicano-norteñas. Porque aquí sí que “la realidad supera la ficción”, y la renta… la verdad, ya hasta miedo da cobrarla.

Al final, triunfó la ley, pero el infortunado cobrador salió convencido de jamás volver a arrendar ni inflar globos en una piñata. Porque mientras en Monterrey inventan los botes de esquina para apartar lugar, en Santa Catarina, la innovación inmobiliaria incluye secuestro exprés y hasta plan de torturas “todo incluido”.

Así que ya lo sabe: si busca emociones fuertes, no se meta a la lucha libre ni a la montaña rusa—póngase a cobrar rentas en la Zimix. A ver si le alcanza la vida para contarlo.

Con informacion: ELNORTE/

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