En México, donde todos somos iguales ante la ley, no ante quienes la administran, la justicia no siempre castiga: a veces aplica descuentos. Y el caso de Sergio Arturo parece sacado de un catálogo de rebajas penales: asesinas, negocias, cumples la mitad… y listo, de regreso a la vida civil, con perfil activo en apps de citas.

El sujeto, hoy de 33 años, fue sentenciado en 2017 a 19 años de prisión por un crimen que no admite matices: ejecutó a balazos a su ex novia de 17 años, Alexis Gabriela García, y dejó lesionadas a su madre y hermana cuando intentaron defenderla. No fue un arrebato ambiguo ni una escena confusa: irrumpió en su casa y disparó al cuello. Punto.

Pero el sistema tiene sus propios atajos. Gracias a un juicio abreviado —esa figura donde la verdad se simplifica y la pena se negocia— y al compromiso de pagar gastos médicos (que superaban el millón de pesos), la condena quedó en 19 años. Ya desde ahí, la justicia empezaba a regatear.

Lo verdaderamente surrealista llegó después: al cumplir apenas la mitad de la pena, un juez decidió que el feminicida ya estaba listo para reincorporarse a la sociedad. Cambio de medida cautelar, puerta abierta, y el 12 de febrero salió del Penal de Cadereyta como quien termina un trámite administrativo.

¿Reinserción social? Tal vez. ¿Memoria, reparación, riesgo? Esos parecen detalles secundarios.

La historia se volvió viral no por un informe judicial ni por transparencia institucional, sino por algo mucho más mundano: un perfil en Bumble y Badoo. Sí, el mismo hombre que asesinó a su ex pareja ahora se promociona como opción sentimental en plataformas de citas.

“Un día asesinas y al otro te vendes como buen partido”, reclamó una usuaria en redes. Y la pregunta que queda flotando no es menor: ¿quién decidió que ya era momento de volver al mercado… sin siquiera advertir el historial?

Porque aquí no solo hay un feminicidio. Hay una cadena de decisiones institucionales de un juez acordeonista que transformó un crimen brutal en un expediente negociable, luego en una condena recortable, y finalmente en una libertad administrada.

La justicia, en este caso, no absolvió al culpable. Hizo algo más inquietante: lo dosificó en favor de otro macho alfa.

Con informacion: ELNORTE/

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *