El “Plan Michoacán por la paz y la justicia” ya hizo agua: bastó mover una base militar en Apatzingán para que el narco volviera a dictar quién se queda y quién hace maletas, con 668 personas desplazadas como saldo inmediato.
Del “sellar el estado” al “abran cancha”
El gobierno federal había prometido “sellar el estado para que delincuentes no entren ni salgan”, con más de 10–12 mil elementos del Ejército, Guardia Nacional y Marina desplegados bajo el Plan Paricutín / Plan Michoacán, pura épica de power point. En los hechos, lo que sí sellaron fue la salida digna de cientos de familias que ahora huyen mientras los grupos armados se reparten los municipios a la vista de todos.
Quitas la base, regresa la guerra
En Apatzingán, el retiro de una base militar fue la señal de arranque para que los grupos delincuenciales retomaran la plaza como si fuera torneo pendiente: se reactivó la disputa y de inmediato llegaron amenazas, balaceras y desplazamiento forzado. El resultado: 668 personas desterradas de sus comunidades, porque cuando el Estado se retira, el que se queda a cobrar renta, imponer “reglas” y decidir quién vive ahí se llama crimen organizado.
Un plan de 10 mil elementos… y cero control territorial
Mientras desde la CDMX venden el operativo como una intervención de más de 10 mil agentes, con drones, patrullajes aéreos y operativos de “alta precisión”, en tierra caliente la precisa es otra: si se va la base, se acaba la ilusión de paz. El despliegue multimillonario presume tecnología, helicópteros y discursos; lo que no presume es por qué, con tanto uniformado, el narco sigue teniendo la capacidad de vaciar pueblos enteros en cuestión de días.
Michoacán: la plaza que “ya tiene dueño”
No es nuevo: en Michoacán los cárteles ya habían advertido que no piensan dejar los municipios donde están “sentados”, y que la plaza “tiene dueño”, mensaje que en los hechos se cumple cada vez que el Ejército se mueve un kilómetro para atrás. El desplazamiento masivo de familias no es un “daño colateral”: es la prueba de que la soberanía real la ejercen grupos armados que no necesitan elecciones para gobernar, sólo la venia tácita de un Estado que se hace a un lado.
Paz militarizada, población desterrada
El experimento de militarizar la paz termina en la misma ecuación de siempre: narco adentro, civiles afuera, gobierno a distancia y discursos en cadena nacional hablando de coordinación interinstitucional. Si el laboratorio Michoacán es el modelo, el mensaje para el resto del país es claro: donde el plan se presume como éxito, lo primero que se pierde no es al narco, sino a la población.
Con informacion: PROCESO/
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