En el papel, México “combate” la extorsión telefónica desde las cárceles. En la práctica, la administra. Y Tamaulipas bajo el gobierno de Morena y Americo Villarreal se han convertido en el laboratorio más obsceno de esa contradicción: un estado donde oficialmente existen decenas de inhibidores de señal en penales… y, simultáneamente, un flujo constante de llamadas de extorsión que salen, como si los bloqueadores fueran decoración institucional y que ya provocó la molestia publica de otros gobernadores, entre ellos Samuel García de Nuevo León,cita Milenio.

El diario español,El País documenta ahora que el gobierno federal ha emitido una guía para que los bancos detecten operaciones vinculadas a extorsiones originadas en prisión.

De acuerdo con la informacion,la Unidad de Inteligencia Financiera (UIF) ha entregado a los bancos mexicanos una guía para detectar la extorsión a través del sistema bancario, principalmente cuando ocurre desde las cárceles, según ha comunicado la Secretaría de Hacienda.

La llamada Guía para Sujetos Obligados del Sector Financiero en el Monitoreo del Perfil Transaccional de Clientes y/o Usuarios: Casos Relacionados a Extorsión.

Se identificaron patrones transaccionales asociados con esquemas de extorsión operados desde el interior de Centros Penitenciarios. Entre los hallazgos, destaca la recepción de transferencias electrónicas con conceptos recurrentes y la movilización acelerada de recursos a través de aplicaciones móviles, las cuales concentraron alrededor del 70% de las operaciones observadas en el caso analizado”, ha explicado la UIF en el comunicado.

Es decir: el Estado asume que el delito ocurre, que fluye dinero, que hay patrones rastreables… y decide intervenir en la fase financiera, no en la raíz operativa. La pregunta es incómoda pero inevitable: si las llamadas salen de cárceles “controladas”, ¿qué exactamente se está controlando?

La respuesta, si se observa Tamaulipas, raya en lo grotesco.

De acuerdo con la informacion,en los penales del estado existen alrededor de 40 inhibidores de señal. Cuarenta. No uno, no dos: un despliegue que en teoría debería convertir cualquier intento de comunicación ilícita en una imposibilidad técnica. Sin embargo, las extorsiones no solo persisten, sino que se sofistican. La ecuación es simple y brutal: o los equipos no funcionan, o funcionan selectivamente.

Y ahí es donde el discurso oficial se desmorona.

Porque sostener que “es imposible que un aparato funcione con una máquina” —en alusión a la manipulación o sabotaje de los inhibidores— implica una de dos cosas: ignorancia técnica o cinismo político. Los inhibidores no son artefactos místicos; requieren calibración, mantenimiento, supervisión… y, sobre todo, integridad institucional. Basta una decisión administrativa —o una “omisión conveniente”— para que un penal vuelva a ser una central telefónica criminal.

El contraste no es menor: mientras la federación instruye a los bancos para detectar depósitos sospechosos, en Tamaulipas el problema no es el rastro del dinero, sino la puerta abierta para que el delito exista. Es como instalar cámaras para documentar un robo mientras se deja la caja fuerte sin llave.

Más aún, la narrativa de que desde los penales se cometen extorsiones pese a la infraestructura instalada no solo exhibe fallas técnicas: sugiere un esquema de tolerancia, cuando no de participación. Porque mantener operativas redes de llamadas desde prisión requiere más que celulares clandestinos: implica acceso a energía, señal, tiempos, coordinación y, crucialmente, ausencia de consecuencias.

En otras palabras, no es un fallo aislado. Es un sistema.

Tamaulipas, en este contexto, no es una anomalía sino un espejo incómodo. Lo que ahí ocurre —inhibidores que no inhiben, extorsiones que no se detienen, autoridades que explican lo inexplicable— adelanta el modelo que la federación parece normalizar: gestionar los efectos del crimen en lugar de erradicar sus condiciones de posibilidad.

La guía para bancos, entonces, llega como un parche sofisticado sobre una herida que el propio Estado se niega a cerrar. Se profesionaliza la detección del dinero ilícito, pero se deja intacta la fábrica del delito: las cárceles convertidas en call centers criminales.

Y así, mientras los documentos oficiales hablan de “mecanismos de prevención financiera”, en Tamaulipas la realidad dicta otra cosa: que la extorsión no solo sobrevive a los inhibidores, sino que convive con ellos.

Porque en México, al parecer, el problema no es que el sistema falle.

Es que funciona exactamente como está diseñado.

Con informacion: DIARIO ESPAÑOL/ELPAIS/

Una respuesta a «LA «UIF RECONOCE con GUIA ANTIEXTORSION en BANCOS que ESTADOS en MAL ESTADO NO PUEDEN BLOQUEAR CELULARES en la CARCEL…quieren detectar el dinero ilícito, pero dejan intacta la fábrica del delito.»

  1. El negocio y beneficios son más grandes que el estado de derecho y esto es gracias a LA IMPUNIDAD!

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