En la política mexicana hay iniciativas que nacen muertas, pero hay otras que simplemente se acobardan en el camino. El intento de juicio político contra la gobernadora de Chihuahua, Maru Campos, terminó siendo lo segundo: una ofensiva que se desinfló antes de siquiera arrancar.
La presidenta de la Mesa Directiva en San Lázaro, Kenia López Rabadán, confirmó lo evidente: la solicitud quedó sin efecto porque sus propios promoventes —11 diputados— no tuvieron ni la disciplina ni el valor político de ratificarla dentro del plazo legal de tres días. Traducción sin eufemismos: se echaron para atrás.
El procedimiento, que acusaba a la mandataria panista de atentar contra la soberanía, la seguridad nacional y el orden federal (acusaciones nada menores), requería un trámite básico para avanzar: la ratificación formal antes del 29 de mayo. No ocurrió. Y en el mundo jurídico, lo que no se ratifica, no existe.
“No fue ratificado… ya no existe”, dijo López Rabadán, cerrando el caso con una frase que suena más a acta de defunción que a declaración política.
Pero el trasfondo es más interesante que el tecnicismo. Porque esto no fue un error administrativo: fue una retirada. Una reculada política de manual.
Primero, se lanza una acusación de alto calibre que intenta colocar a Maru Campos al nivel de crisis,luego, cuando toca sostenerla con procedimiento y responsabilidad legal, los firmantes desaparecen. Ni firma, ni defensa, ni seguimiento.
La narrativa oficialista intenta suavizar el ridículo hablando de “decisión de los promoventes” y apelando a la “seguridad de las familias”, como si el desistimiento fuera un acto reflexivo y no una retirada estratégica ante la falta de sustento o cálculo político fallido.
En realidad, el episodio deja tres lecturas incómodas:
Primero, que se usan figuras como el juicio político más como herramienta de presión mediática que como mecanismo serio de control constitucional.
Segundo, que quienes impulsan estas acciones no siempre están dispuestos a sostenerlas cuando entran al terreno legal.
Y tercero, que el caldo ya estaba saliendo mas caro que las albondigas, la Presidenta va en declive en encuestas y EE.UU esta atento al caso.
Al final, el juicio político contra Maru Campos no fue derrotado: se evaporó. No hubo defensa, no hubo debate, no hubo resolución. Solo una retirada silenciosa que confirma que, en política, hay acusaciones que sirven para el titular… pero no sobreviven al expediente.
Porque acusar es fácil. Ratificar, sostener y probar… eso ya es otro nivel.
Con informacion: ELNORTE/
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