La escena se repite con una normalidad obscena: una búsqueda que empieza como “desaparición” y termina, casi siempre, como exhumación. Esta vez fue en La Marquesa, en ese Valle de El Silencio que ya ni el nombre disimula. Cuatro cuerpos enterrados. Dos nombres que ya dejaron de ser ficha de búsqueda para convertirse en evidencia forense: Guillermo Jafett Hidalgo Ortiz y Zafar Padamsee Mawani.

La autoridad habla de hallazgos, de operativos, de coordinación institucional. Pero lo que no dice —o prefiere diluir— es la conversión automática que ocurre en México: aquí desaparecer no es una antesala, es una sentencia diferida. Es homicidio en pausa. Es muerte administrada por el tiempo y la burocracia.

Porque cuando el gobierno presume que bajan los homicidios, pero las desapariciones siguen tragándose personas, lo que en realidad está haciendo es mover el cadáver de categoría. Cambiarle el nombre al crimen no lo vuelve menos crimen. Solo lo vuelve más conveniente.

Guillermo y Zafar no llegaron huyendo de la violencia; llegaron huyendo del desencanto político en Estados Unidos. Buscaron en México algo más habitable, más humano. Recorrieron mercados, caminaron colonias, confiaron. Pensaron —como tantos— que la bondad era una especie de salvoconducto.

Sus allegados señalaron que ambos estaban entusiasmados con su vida en México y disfrutaban recorrer mercados y zonas populares de la Ciudad de México, como La LagunillaTepito y el Mercado de Jamaica.

«Sentían que la gente era buena. Ellos también eran muy nobles y creían que por ser buenas personas no iban a encontrarse con tanta maldad», relató Claudia.

No lo es.

Antes de desaparecer, dejaron un rastro mínimo: una ubicación rumbo a La Marquesa y movimientos bancarios que gritaban lo que ellos ya no podían. Luego, el silencio. Después, la tierra removida.

Y mientras la Fiscalía dice que “aún no hay identificación oficial”, la realidad ya los alcanzó: en este país, la distancia entre desaparecer y ser encontrado en una fosa no es una posibilidad, es una estadística.

El problema no es solo que los maten. Es que primero los borran. Y en ese borrado, el Estado encuentra su coartada perfecta: menos homicidios en el papel, más ausencias en la vida real.

Aquí no hay misterio. Hay método.

Con informacion: ELNORTE/

Una respuesta a ««NO CUENTA como HOMICIDIO del DÍA: YA HALLARON DESAPARECIDOS en FOSA CLANDESTINA en el PAÍS donde DESAPARECER EQUIVALE a MORIR»… los enterraron en La Marquesa.»

  1. 👏🏻👏🏻👏🏻
    Buena descripción en su artículo

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