Hay palabras que en política no envejecen: se reciclan. “Lawfare” es una de ellas. Antes, en boca de los hoy gobernantes, era un látigo moral; hoy, convenientemente, es un término en desuso, extraviado en el mismo cajón donde guardaron la congruencia. Porque cuando el poder cambia de manos, también cambia el diccionario.

“Lawfare”, nos decían, era el uso político de la justicia. Traducido al castellano sin anestesia: convertir tribunales en trincheras y expedientes en proyectiles. No se trata de justicia, sino de estrategia. No se busca verdad, sino desgaste. Es, en esencia, la judicialización de la vendetta con toga prestada.

El concepto tiene una arquitectura precisa. Primero, se construye un relato: el opositor no es adversario, es delincuente potencial. Después, se activa el aparato: fiscalías, jueces, filtraciones selectivas, calculo mediático quirúrgico. Finalmente, se reviste todo con un barniz de legalidad. La clave del “lawfare” no es la ilegalidad burda, sino la apariencia de legalidad. El truco no está en violar la ley, sino en torcerla lo suficiente para que siga pareciendo recta.

Por eso el caso de Ernesto Ruffo no llega en el vacío. Llega con contexto, con antecedentes y, sobre todo, con timing político. Porque no es menor que el acusado forme parte del consejo de un nuevo partido que intenta abrirse paso en un ecosistema dominado por la maquinaria oficial. En política, las coincidencias existen; pero cuando se repiten con precisión milimétrica, dejan de ser coincidencias y se convierten en método.

¿Tiene la FGR pruebas? Puede ser. Nadie serio debería descartar esa posibilidad. Pero el punto no es la existencia de pruebas, sino la consistencia del criterio. Porque la justicia que sólo ve en una dirección deja de ser justicia y se convierte en instrumento.

Ahí es donde el discurso oficial empieza a hacer agua. Para Ruffo, nos dicen, hubo una investigación “exhaustiva y complejísima”. Uno imagina equipos forenses, análisis financieros, cooperación internacional. Todo muy diligente. Todo muy profesional. Todo muy oportuno.

Pero entonces aparecen los otros nombres. Rubén Rocha Moya y sus sombras sinaloenses. Adán Augusto López y la estela de “La Barredora”. Mario Delgado y Américo Villarreal orbitando alrededor del huachicolero consentido, Sergio Carmona. Y ahí, curiosamente, la maquinaria se vuelve miope. Los sabuesos pierden el olfato. Las carpetas se enfrían. La urgencia desaparece.

No es que falten indicios. Es que sobra selectividad.

Ese es el corazón del “lawfare”: no la persecución en sí, sino su asimetría. La ley aplicada con rigor quirúrgico a unos y con indulgencia estratégica a otros. El mensaje es claro, aunque no se diga: la justicia no es ciega, pero sí tiene preferencias.

Lo irónico —o lo cínico, según se quiera ver— es que quienes hoy administran este doble rasero fueron los principales denunciantes de ese mismo mecanismo. Lo padecieron, lo denunciaron, lo convirtieron en bandera. Y ahora, con el control del aparato, lo reinterpretan. Ya no es persecución: es combate a la corrupción. Ya no es “lawfare”: es justicia.

Pero el maquillaje semántico no cambia la estructura. Si la ley se usa para golpear adversarios y se guarda cuando toca a los propios, no estamos ante un sistema de justicia fortalecido, sino ante un sistema instrumentalizado.

El problema no es que se investigue a Ruffo. El problema sería que sólo se investigue a Ruffo.

Porque la justicia selectiva no limpia la política: la contamina. Y el “lawfare”, por más que le cambien el nombre, sigue siendo lo que es: el arte de disfrazar la persecución de legalidad… para consumo de engañabobos.

Asi lo dijo M.A Kiavelo

1.- HAY un término en inglés que a los morenistas les gustaba mucho usarlo, pero hoy parece que lo han olvidado: «lawfare», que se traduce como el uso político de la justicia…

2.- EN pocas palabras, el lawfare es un barniz de legalidad a la persecución de los opositores al régimen…

1.- POR supuesto que el dato viene a cuento por el caso de Ernesto Ruffo, acusado de contrabando de combustible…

2.- PERO abundan los ejemplos de cómo se usa el aparato judicial contra las personas incómodas a la 4T, empezando con el panista Ricardo Anaya, que al inicio del sexenio de AMLO, de plano, se tuvo que ir de México ante el temor de que le echaran el guante…

1.- HOY con Ruffo hay un detalle que no se puede ignorar: es miembro del consejo directivo del nuevo partido Somos México, que con este golpe inicia muy cuesta arriba tratar de convencer a los electores de su propuesta…

2.- RESULTA evidente la enorme diferencia con la que el Gobierno morenista procesa el expediente de un opositor y cómo lo hace (o, mejor dicho, no lo hace) con uno de los suyos…

1.- SEGÚN la FGR, para encarcelar a Ruffo se realizó una exhaustiva y complejísima investigación…

2.- PUEDE ser que, efectivamente, tienen pruebas sólidas de los ilícitos…

1.- PEEERO lo que no lo dicen las autoridades es que también se requirió tener un juez a modo…

2.- EN cambio, con figuras como Rubén Rocha Moya y todas las pistas que lo unen con el Cártel de Sinaloa, o Adán Augusto López con «La Barredora», o Mario Delgado y Américo Villarreal con el «rey del huachicol», Sergio Carmona, ahí los sabuesos de la FGR pierden el olfato y las autoridades el interés…

Con informacion: El Norte/M.A KIAVELO/

Una respuesta a ««M.A KIAVELO YA se DIO CUENTA y…UDS.?: OPERATIVO RAPIDO y FURIOSO de FGR CAPTURA a RUFFO, pero deja LIBRE a AMERICO»…truco no está en violar la ley, sino en torcerla lo suficiente para que siga pareciendo recta.»

  1. esto se les termina la proxima semana,claudia fue a nyc.no por viaje de futbol/fue a recibir ordenes e instrucciones muy precisas del tio sam….esta semana sera un sismo en morena…ya se dice que…muchos tienen reservas de pepto.bismo/ y claro los gueros saben todoooooooooo..solo hace falta la orden del jefe de usa..para acabar con esta desgracia morenarca….ya mas pruebas no se necesitan .usa sabe todooooooooooo…muchos caeran esta semana……………………je je je

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