Sentenciado a cadena perpetua en Estados Unidos, Ismael el “Mayo” Zambada aún significa un riesgo difícil de transitar para quienes lo protegieron en México durante décadas y que le permitieron convertirse en líder del Cártel de Sinaloa. La narcopolítica ha marcado la relación del gobierno de Claudia Sheinbaum con el de Donald Tump, obligando a la presidenta a buscar culpables más allá de su coalición de gobierno
El “Mayo” ya cayó formalmente, pero el verdadero susto no está en la sentencia, esta en que no calló y lo que podría soltar. Y ahí es donde la cosa se pone sabrosa —o espantosa—, porque políticos, militares, policías y funcionarios de todos los colores que durante años se hicieron de la vista gorda hoy deberían andar buscando aire acondicionado para el pánico.
Porque una cosa es verlo condenado en una corte de Nueva York y otra muy distinta imaginarlo con tiempo, presión y razones de sobra para empezar a cantar nombres, pactos y favores de esa narcopolítica que tantos en el poder han fingido no ver.
Durante décadas, el personaje no sólo traficó droga: también navegó con comodidad en las aguas turbias del poder mexicano, donde sobran “amigos” con uniforme, con cargo o con discurso de redención. Por eso su condena no cerró un capítulo; más bien dejó la puerta entreabierta para que empiecen a salir nombres que muchos preferirían mantener enterrados.
#cdmx,#reynosafollow,#mtyfollow,#slp,#guadalajara,#tijuana,#culiacan,#verfollow,#queretaro,#slp,#puebla,#durango,#tijuana "45 AÑOS SOBORNANDO GENERALES, GOBERNADORES y POLICIAS": "8 SEXENIOS de 3 PARTIDOS HAN HABLADO con FLUIDEZ el MISMO IDIOMA del MAYO ZAMBADA: LA LANA del… pic.twitter.com/DBycdSwsFe
— Valor Tamaulipeco (@VaxTamaulipas) August 26, 2025
Y si alguien pensaba que con la cadena perpetua se acababa el problema, se quedó corto. A veces la verdadera amenaza no es que un capo envejezca en prisión, sino que decida hablar antes de apagarse del todo.
El “Mayo” no sólo fue sentenciado: fue convertido en una bomba de tiempo para la clase política mexicana. Porque cuando un capo de ese tamaño queda entre la pared y la cooperación, lo que viene no es silencio, sino el miedo de todos los que convivieron, pactaron o se beneficiaron de su sombra.
Con información: PROCESO/
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