La Secretaría de Bienestar del gobierno humanista y transformador que encabeza la Presidenta Sheinbaum, decidió que para pensar mejor en cómo ayudar a los adultos mayores, necesita 83 millones de pesos en comida en apenas seis meses: hamburguesas, hot dogs, mole, pozole, taquizas y bufets con chilaquiles, machaca, puntas de res, chicharrón en salsa verde y todo el catálogo de fonda fifí con presupuesto público.

Eso sí, todo justificado con lenguaje técnico: que si “metas programáticas”, que si “fortalecer la operación del programa”, que si “planeación y evaluación”… porque nada dice “política social seria” como una taquiza premium para 500 personas con iluminación ambiental y área de guardarropa.

Empresas fantasma gourmet y la magia de la adjudicación directa

El contrato se dio por adjudicación directa —porque eso licitar o concursar es de neoliberales— a dos empresas: Grupo Maferefun y Market Foodie BR, ambas con el mismo representante legal, ambas fuera del Registro Público de Comercio, pero ambas muy dentro del Registro del Buen Diente Presupuestal.

Tienen oficinas en un pasillo de la Central de Abastos, el nuevo hub internacional de catering institucional con carpas, lonas, estacionamiento, seguridad, climatización y baños… todo para que los funcionarios puedan tomar “decisiones estratégicas” entre un taco de cochinita y otro de suadero en chile morita.

Poder Judicial: la república del boeuf bourguignon

Y Bienestar no está sola en el festival gastronómico: el Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación ya se había anotado su propio reality show culinario: hasta 22 millones de pesos para que magistrados y personal disfruten platillos franceses, griegos, chinos, tailandeses y menú gourmet, con un recetario propio llamado “TE-Cocinando”, porque la democracia se cocina con boeuf bourguignon, crème brûlée, tom yum goong y gong bao ji ding.

Todo esto mientras la Suprema Corte paga millones para servir pulpa de jaiba, marlín, mejillones y bacalao, y el Órgano de Administración Judicial arma contratos por cientos de millones para comedores de cuatro tiempos, cuidando que la carne sea magra, suavecita y bien tratada, no vaya a ser que el sistema judicial se indigesté.

La nueva narrativa del bienestar

La ironía es perfecta: recursos destinados a “atención de grupos prioritarios” terminan financiando reuniones donde el grupo prioritario es el funcionario hambriento que necesita taquizas “premium” para garantizar la “correcta dispersión de apoyos”. La narrativa oficial se resume así: para que la pensión llegue al adulto mayor, primero debe llegar el pozole al plato del servidor público, no se puede coordinar la política social con el estómago vacío.

Con información: ELUNIVERSAL+/

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