Hoy Americo Villarreal Santiago,alias «Ameriquin y/o Ameriking», hijo consentido del gobernador de Morena multiacusado en EE.UU, Americo Villarreal Anaya, presumió con bombo y platillo su “Maestría en Desarrollo de Políticas Públicas en Materia de Seguridad”, como si un título impreso borrara de golpe todas las historias de extorsión, tráfico de influencias y ligas con el crimen organizado que lo persiguen con nombre y apellido desde el inicio del gobierno en Tamaulipas.

No se debe perder de vista que la citada Universidad de Seguridad y Justicia de Tamaulipas (USJT) ,que hasta hace poco operaba bajo la responsabilidad de un expresidiario del penal de Tamatan,enclaustrado casi dos años,pertenece a la misma estructura gubernamental que encabeza su padre,aun en libertad.

Aqui la escena no solo huele a conflicto de interés: huele a sumisión institucional, a trámite con apellido y a una “ceremonia académica” convertida en acto de complicidad política. Cuando la universidad que debería resguardar el mérito termina prestándose para legitimar al hijo del poder, ya no entrega un título: entrega una foto útil para la propaganda.

Porque, de pronto, el personaje multiseñalado en una reciente trama de extorsión, en la que incluso la víctima también señala a su madre, Ma. Santiago de Villarreal.

Aqui aparece disfrazado de estudiante ejemplar, junto a Juan Carlos Soto Garcia director académico de la Universidad de Seguridad y Justicia, como si la foto con sonrisa forzada fuera un certificado de honestidad.

Habla de “recorrer el territorio y escuchar a la gente”, pero en Tamaulipas todo mundo sabe que el territorio no se recorre, se administra: se reparten plazas , contratos y favores. La “gente” nunca es la ciudadanía, son los mismos grupos de siempre, los que hacen fila para recibir impunidad a cambio de lealtad. Eso no es servicio público, es control político.

La publicación intenta vender la idea de que estudiar equivale automáticamente a servir mejor. Pero aquí la “preparación permanente” suena más a blindaje académico: acumular diplomas para decorar el currículum mientras las acusaciones de extorsión se acumulan en la realidad. No se trata de tomar mejores decisiones, sino de construir un relato donde el hijo del gobernador se vea serio, responsable y técnico… aunque el expediente político-criminal diga otra cosa.

Agradece a maestros y autoridades universitarias como si fueran aval moral, pero esa foto no limpia nada. Que lo feliciten en la universidad del gobierno no borra las sospechas de que el verdadero mérito del alumno es llevar el apellido correcto, no el promedio más alto. El título colgado en la pared no es un compromiso con los ciudadanos; es un escudo para cuando llegue la crítica, la investigación o la denuncia.

“Porque la preparación nunca termina cuando el objetivo es servir mejor”, remata. Y sí, la preparación nunca termina… sobre todo cuando el objetivo real es seguir acomodando la familia en puestos, contratos, candidaturas y maestrías hechas a la medida.

La farsa no está en el papel membretado, está en el intento de convertir a un personaje señalado por extorsión en modelo de servicio público, usando la universidad como escenografía y la foto como coartada.

Con información: REDES/

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