La jornada gubernamental “Sí al Desarme, Sí a la Paz” en Tzintzuntzan, Michoacán, acabó ofreciendo justo lo contrario: una demostración pública de cómo no destruir un arma.
La versión más sólida es que no fue una “falla” abstracta: el protocolo de seguridad falló antes de que la cortadora tocara el arma. Aunque aun sin dictamen pericial público, afirmar exactamente si tenía cartucho en recámara, munición en el tubo o un mecanismo defectuoso sería especulación.
Un elemento del 12/o Batallón de Infantería pasó una sierra sobre un arma hechiza durante un módulo de canje voluntario y la pieza detonó. El estallido lanzó esquirlas hacia las personas que estaban cerca. La escena quedó grabada y exhibe una pregunta elemental que, al parecer, nadie resolvió antes de encender la cortadora: ¿el arma estaba realmente descargada y asegurada ?
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— Valor Tamaulipeco (@VaxTamaulipas) January 12, 2026
LOS «CARTELES NO HACEN FILA»: EL «GOBIERNO AUMENTA MONTOS de CANJE de ARMAS en 2026»: «33 MIL por una AMETRALLADORA PESADA»…se vende como gran estrategia de paz, pero funciona mejor como campaña de imagen. https://t.co/L94vL8yjYj pic.twitter.com/r87g7kTfqj
La explicación oficial habla de una “falla en la revisión”. Traducido del burocratés: un arma que debía estar neutralizada llegó a la fase de destrucción con capacidad de detonar.
No fue magia ni un capricho de la balística; una escopeta o rifle artesanal puede conservar un cartucho en la recámara, en el tubo cargador o en alguna cavidad del mecanismo. Al cortar metal cerca de una munición, la presión, la fricción, el golpe sobre el cartucho o la liberación del mecanismo pueden accionar el fulminante y este la pólvora para producir un disparo o una detonación con fragmentos.
Hasta ahora no hay un peritaje público que permita precisar cuál de esas hipótesis ocurrió. Lo que sí puede sostenerse es que la destrucción comenzó sin que el riesgo hubiera sido eliminado por completo. Y cuando un arma “hechiza” pasa de mesa de canje a sierra eléctrica, la obligación de revisar dos veces no es un detalle administrativo: es el mínimo indispensable para no convertir un programa de prevención en una ruleta rusa institucional.
Los reportes iniciales señalaron cuatro personas lesionadas por esquirlas; sin embargo, la Secretaría de Gobernación informó oficialmente que sólo una persona resultó afectada y fue atendida en el Hospital General de Pátzcuaro, de donde fue dada de alta. La discrepancia no es menor: mientras circulaban nombres y edades de cuatro presuntos heridos, la autoridad sólo reconoció a uno y no explicó qué ocurrió con los otros tres casos reportados.
La escena deja dos saldos: personas lesionadas y una versión oficial que intenta reducir el episodio a una “falla” sin explicar qué control falló, quién verificó el arma y por qué había civiles tan cerca del punto de corte. Porque si el Ejército necesita descubrir que un arma puede dispararse después de pasarla por una sierra, el problema no es el arma hechiza: es la revisión profesional que nunca ocurrió.
Con información: ELNORTE/
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