La Gobernadora morenista de Quintana Roo, Mara Lezama, y su familia han realizado al menos 43 vuelos al extranjero en dos aviones privados administrados por la empresa Pabe-Tax, vinculada con Grupo Seguritech, empresa con la que tiene contratos el Gobierno estatal.

Según la investigación de POPLab y Connectas, retomada por Grupo REFORMA, Lezama y su familia acumularon al menos 43 vuelos internacionales entre diciembre de 2018 y diciembre de 2025, a bordo de dos Gulfstream G200 —matrículas XA-PKR y XA-GLF— operados por Pabe-Tax.

No se trata de una empresa cualquiera: Pabe-Tax forma parte del universo empresarial relacionado con Grupo Seguritech, compañía que presta servicios de seguridad al Gobierno de Quintana Roo.

Mara Lezama dice que viajó “como mamá”. Qué alivio: por un momento podía parecer que una Gobernadora viajando al extranjero en aviones privados vinculados a un grupo empresarial contratado por su propio Gobierno era un asunto de interés público.

La coincidencia, desde luego, es de esas que exigen mucha imaginación para verse inocentes: la empresa que opera los aviones tiene representantes comunes con Seguritech; Seguritech tiene contratos públicos; y la Gobernadora utiliza esas aeronaves desde su etapa como Alcaldesa de Cancún y ahora como mandataria estatal. Pero la versión oficial pide que todo se lea bajo la luz tierna de la maternidad.

Porque no fueron vuelos de Gobierno, afirma Lezama, sino “servicio privado” para conciliar sus deberes públicos con su papel de madre. Una explicación conmovedora, salvo por un detalle menor: cuando una funcionaria de alto nivel viaja en jets privados asociados empresarialmente con un proveedor de su administración que nos recuerda el caso del corrupto exsecretario de Defensa, el asunto deja de ser una postal familiar y se convierte en una pregunta elemental de transparencia que no tendra respuesta.

¿Quién pagó? ¿Cuánto costó? ¿Qué relación contractual, comercial o de cortesía existe entre quienes operan los aviones y la Gobernadora? ¿Hubo descuentos, préstamos, invitaciones o contraprestaciones indirectas? Y, sobre todo: si no hubo dinero público, ¿hubo dinero privado con intereses públicos?

La Presidenta Claudia Sheinbaum hizo lo mínimo indispensable: pedir una explicación sobre el uso de las aeronaves, el pago de los traslados y las condiciones bajo las cuales se realizaron. Lezama, por su parte, negó haber compartido vuelos con el senador Eugenio “Gino” Segura. Bien. Pero esa negación responde apenas una esquina del problema.

El punto no es si iba Gino, si iba la familia o si el avión llevaba maletas, niños y recuerdos vacacionales. El punto es que en la política mexicana el “viaje privado” suele ser la cortina favorita para esconder privilegios que, por la ruta del contratista, terminan oliendo demasiado a negocio público.

Porque una cosa es viajar como madre. Otra muy distinta es que la maternidad venga con Gulfstream, operadores vinculados a proveedores gubernamentales y una explicación que parece redactada para que nadie haga la siguiente pregunta.

Con información: ELNORTE/

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