El senador quiso resolver una pregunta incómoda con una comparación de kínder: “Lo conozco como te conozco a ti también”. Pero conocer a una reportera que pregunta frente a una cámara no equivale a reconocer cercanía con el “viejo lobo criminal”, un personaje mencionado en indagatorias federales en Estados Unidos y señalado como principal informante de EE.UU en asuntos relacionados con el tráfico de huachicol y redes políticas.

Tampoco equivale a responder por los señalamientos que tambien alcanzan al gobernador Américo Villarreal y los presuntos vínculos de su entorno con el crimen organizado. Una cosa es conocer a una periodista que hace preguntas; otra muy distinta es explicar una relación con un personaje que conoce los expedientes, los nombres y las entrañas del huachicol político.

JR y la coartada retórica cínica de “te conozco a ti también”

José Ramón Gómez Leal —para mayor referencia, cuñado de Francisco “Pancho” Javier García Cabeza de Vaca y aún senador de Morena— descubrió ayer jueves una nueva doctrina para eludir preguntas: si conoce a una persona mencionada en señalamientos criminales e investigaciones federales, incluso de carácter militar, entonces debe ser exactamente lo mismo que conocer a la periodista que le formula la pregunta.

Brillante. La lógica de la franela hecha filosofía política.

—¿Conoce a Luis Rivera?
—“Lo conozco también.”
—¿Es amigo?
—“Sí, sí lo conozco.”
—¿Qué tipo de relación?
—“Tengo mucho de no verlo.”
—¿Comercial? ¿Amistad?
—“Te conozco a ti también… así igualito.”

No, senador. No es igualito.

Shalma Castillo no es un nombre que aparezca, según las publicaciones citadas, ligado a redes de contrabando de combustibles, operadores empresariales bajo escrutinio o personajes que poseen información delicada sobre el entramado de la sociedad de carteles y el huachicoleo político de Tamaulipas.

Shalma Castillo es una reportera haciendo exactamente lo que el poder detesta: preguntas concretas cuando el entrevistado prefiere contestar con humo, parentescos inventados y analogías de banqueta.

El senador no negó conocer a Luis Ariel Rivera Rodríguez; lo admitió. Tampoco ofreció una explicación verificable sobre la naturaleza, el alcance o el historial de esa relación. Dijo que lo conoce, que hace mucho no lo ve y que no recibió dinero. Punto. Tres frases cortas para una historia que, por lo que se ha publicado, no parece precisamente corta ni sencilla.

Y ahí aparece el truco de siempre: cuando el reportero pregunta por dinero, vínculos y reuniones, el político responde como si el problema fuera el tono de la pregunta, no la falta de respuesta. Es la vieja escuela de la evasiva: no desmientas del todo, no expliques nada y, si se puede, pon al periodista en el mismo costal que el personaje incómodo. Total, para ellos preguntar ya equivale a deber explicaciones.

Pero no: una reportera no se vuelve socia, amiga ni cómplice de nadie porque tenga acceso a un micrófono. El oficio consiste, precisamente, en preguntar lo que al senador le urge que no se pregunte.

La aritmética moral del senador

La frase “te conozco a ti también” pretende rebajar una relación incómoda al rango de saludo casual. Como si conocer fuera una categoría plana: igual da conocer a una periodista en plena entrevista que conocer a un empresario del que medios han publicado señalamientos por presuntos vínculos con operaciones de huachicol fiscal, financiamiento político y colaboración con autoridades estadounidenses.

Es la versión política del “todos somos amigos de todos”, fórmula muy útil cuando a uno le preguntan por alguien que puede saber demasiado. Y si ese “alguien” —según la información difundida— conoce las entrañas de una red donde aparecen nombres de operadores políticos, empresarios y personajes del entorno tamaulipeco, entonces el asunto no se despacha con una sonrisa ni con un “tengo mucho de no verlo”.

Menos todavía cuando el propio senador ha sido objeto de señalamientos periodísticos relacionados con presuntas redes de huachicol y de vínculos con integrantes del crimen organizado citados en reportes de la DEA y que otra vez, «embarran» a Americo Villarreal.

Es importante decirlo con precisión: son señalamientos y publicaciones, no una sentencia judicial. Pero precisamente por eso se pregunta. Porque una democracia no opera a base de silencios ministeriales ni de entrevistas donde el investigado se concede a sí mismo el derecho de no aclarar nada.

Victimizar al poder

La periodista Shalma Castillo denunció que, cuando un reportero pregunta e incomoda, la respuesta del poder suele ser difamarlo, descalificarlo o intentar intimidarlo. Y el episodio con Gómez Leal parece una demostración práctica de esa tesis: ante la pregunta, no llegó la aclaración; llegó el intento de equiparación.

La maniobra es transparente: convertir a la reportera en parte del problema para no responder sobre el problema. Si la periodista pregunta por Carmona, por relaciones, por dinero o por Luis Rivera, entonces el senador insinúa que ella también “conoce” gente y listo: empate ficticio, conversación cancelada, expediente cerrado en la república de la respuesta conveniente.

Pero el periodismo no está para cuidar susceptibilidades de quienes administran poder, fuero e influencia. Está para recordarles que no basta decir “nunca” cuando las preguntas exigen fechas, contextos, pruebas, deslindes y explicaciones.

Y si el senador cree que conocer a Shalma Castillo “es igualito” que conocer a un personaje mencionado en investigaciones y notas sobre redes criminales, entonces quizá debería explicar por qué a la periodista la puede mirar de frente y responderle, mientras de las otras relaciones apenas ofrece una nube de palabras.

Lo que faltó responder

No se le pidió al senador una tesis doctoral. Se le hicieron preguntas elementales:

  • ¿Qué clase de relación sostuvo con Luis Rivera?
  • ¿Fue comercial, política, personal, de amistad o…puras pipas ?
  • ¿Hubo negocios, reuniones, gestiones, apoyos, intermediarios o puros sobornos como cita informe del ejercito ?
  • ¿Por qué, si se le menciona en publicaciones vinculadas al huachicol y a personajes del entorno político-criminal tamaulipeco, su explicación se reduce a “lo conozco nada más”?
  • ¿Está dispuesto a transparentar comunicaciones, sociedades, contratos o vínculos empresariales que despejen cualquier duda?

Lo demás —“te conozco a ti también”— es franela. Y de la más barata: esa que no limpia nada, pero deja la mancha más extendida.

Porque una cosa es conocer a una periodista que pregunta. Otra, muy distinta, es tener que explicar por qué se conoce a quienes aparecen una y otra vez en el mapa de la sospecha. Y entre ambas cosas no hay equivalencia: hay una pregunta pública que sigue esperando respuesta.

Con información: @ShalmaCastillo /

2 respuestas a «LO “CONOZCO como TE CONOZCO a TI ?”: SENADOR al FILO de la PRISIÓN admite CONOCER a TRAFICANTE de HUACHICOL, INFORMANTE #1 de EE.UU»…las pipas siguen derramando preguntas.»

  1. Es un narco senador. JR. con conexiones directas con el. R8. Su socio. En el contrabando del
    Huachicol al igual que el Jonathan otro narco ahora millonario empresario , si le seguimos esta Jorge Montelongo otro . Narco. Riberto Erechandienta. Ayudantes y cómplices en delitos ilícitos que ahora. Asta cadenas de restaurantes posen y unos viven cómodamente. Eñ nuevo león y algunos en misión. Texas siempre han traficado. Coca ina José Ramón. Lo sabe y le entiende bien al negocio. Del. Narco trágico. Lo traen En la sangre su padre. PEPILLO Socio de Memo calderoni el narco policía más delincuente y comolice de todos los grandes narcos. Mexicanos. Y algunos ya con ciudadanía americana comandantes de la. PGR. Narcos o división narcóticos que ahora como Repito viven. Cómodamente en los Estados Unidos ejemplo. Algun mando Gopes de esa famosa policía estatal disfrazada de narco policías que sirvieron al cartel del. CDV

  2. Estos. Son los decentes. Hdspm segun de abolengo metidos asta el fondo de todo lo sucio. Narcóticos de décadas de sus vida abuelos jajajaa y asi están chingos de los que ahora se dicen millonarios viviendo en los Estados Unidos. Políticos policías. Narcotraficantes.

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