“Serénense”, pidió Rómulo Pérez, presidente del Consejo Estatal de Morena, a la militancia morenista que ya anda correteando candidaturas rumbo a 2027 en Tamaulipas. Y uno entiende el mensaje: no se empujen, no hagan ruido, no gasten de más… hasta que desde arriba les digan quién sí puede gastar, quién sí puede recorrer colonias y quién sí puede aparecer hasta en la sopa con el pretexto de que “está trabajando con el pueblo”.
El discurso de Rómulo Pérez pide calma, pero suena menos a una defensa de la democracia interna que a un recordatorio de quién administra el semáforo. Dice que no hay dados cargados; el problema es que en la política mexicana hasta los dados suelen tener padrino.
El sermón de la calma
“Serénense”, ordena el gerente del misterio
Porque en Morena, al parecer, la carrera no empieza cuando la gente saca las lonas, pinta las bardas, contrata páginas de Facebook y organiza reuniones con aroma a candidatura. No. La carrera empieza cuando la Comisión Nacional de Elecciones decide que ya es oficialmente carrera. Antes de eso, todos son modestos promotores de los ideales; después, milagrosamente, se convierten en candidatos.
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— Valor Tamaulipeco (@VaxTamaulipas) September 8, 2026
«YA le HIZO OJITOS: CANDIDATO de CARMEN LILIA LLORA DERROTA ANTICIPADA y YA SABE que ELEGIDA de AMERICO y AMLO para NUEVO LAREDO es NINFA»…saldo de la democracia «charchina».https://t.co/g1pAekS8n1
Pérez asegura que ni el dinero, ni los meses de promoción, ni las presiones garantizan un lugar en la boleta. Qué alivio. Ya podemos dormir tranquilos: los aspirantes que llevan meses cultivando su imagen pública no están haciendo campaña, están practicando agricultura política. Si riegan la tierra con espectaculares, publicaciones patrocinadas y abrazos calculados, es únicamente para que florezca la conciencia social.
Los dados “no están cargados”
La frase estelar es digna de vitrina: “No hay dados cargados, no hay nada para nadie”. Es decir, nadie tiene candidatura asegurada… salvo que, llegado el momento, la Comisión determine que alguien era la opción más competitiva, más conocida, más identificada con el movimiento, más querida por las encuestas y, por una coincidencia cósmica, la persona que ya venía apareciendo en todos los eventos importantes al lado del gobernador Américo Villarreal o simplemente palomeado por la currícula tatemada.
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— Valor Tamaulipeco (@VaxTamaulipas) September 13, 2026
“PALO, PALO y… PALO: TUMBA la SUPREMA CORTE DECRETO del CONGRESO de AMÉRICO que METICHEABA en AYUNTAMIENTOS con AROMA a VENGANZA”… una pifia más. https://t.co/Iz2zjdGoYG pic.twitter.com/eCPQuVcDTF
No hay dados cargados, nos dicen. Sólo hay una mesa, una Comisión, una encuesta, una evaluación de “buena imagen”, otra de “identidad partidista”, filtros de idoneidad y una definición final que la militancia deberá recibir con entusiasmo, disciplina y una sonrisa de agradecimiento.
En otras palabras: no hay dados cargados; hay un casino con reglamento interno. Y como en todo casino serio, los jugadores pueden apostar, pero la casa conserva el derecho de decidir cuándo se abre la mesa, qué cartas cuentan y quién merece sentarse cerca del crupier.
El examen de pureza
También enternece la promesa de que no bastará con ser conocido, porque alguien puede ser conocido “para mal”. Correcto. El detalle es que la “buena imagen” y la “identidad partidista” son conceptos tan elásticos que caben lo mismo una trayectoria genuina que una conversión ideológica de último minuto, siempre y cuando venga bien planchada, con fotografía oficial y el saludo correcto.
Ahora resulta que habrá un examen de pureza morenista cuando el gobernador es el principal manchado: demostrar que se conoce “lo que es Morena y lo que representa para millones de mexicanos”. Muy bien. Sólo falta saber quién califica, con qué criterios, qué peso tendrá cada evaluación y si la congruencia se mide en años de trabajo, en votos internos, en encuestas o en la habilidad para no incomodar a quienes toman la decisión.
Porque pedir identidad partidista no es absurdo. Lo absurdo es invocar la identidad como si fuera una estampita de autenticidad mientras el partido ha recibido, reciclado y promovido a políticos provenientes de prácticamente todos los colores del antiguo catálogo electoral. Ayer eran adversarios del proyecto; hoy, con la conversión adecuada y la fotografía correcta, pueden ser compañeros de causa.
Contra los “acelerados”… selectivamente
Pérez critica a quienes se adelantan con publicidad, recorridos y presencia pública. Tiene razón en una cosa: la anticipación electoral es una plaga. Pero la cura no puede consistir en regañar a los aspirantes de abajo mientras se tolera que los más visibles, los más conectados o los más bendecidos hagan precampaña bajo la coartada del “trabajo territorial”.
Si se trata de respetar tiempos, que se respeten para todos. Si se trata de impedir que el dinero compre posicionamiento, que haya transparencia real sobre gastos, propaganda, operadores, eventos y plataformas digitales. Si se trata de evitar presiones, que también se prohíba la presión elegante: esa que no llega en panfleto ni en crítica de prensa, sino en forma de estructura, padrinazgo, cargo público, encuesta a modo o aplauso organizado.
No basta con decirles a los aspirantes que “no gasten suela, dinero ni saliva”. Habría que pedirles también a los dirigentes que no gasten retórica para disfrazar de proceso abierto lo que, muchas veces, termina pareciéndose a una selección administrada desde las alturas.
La unidad como obediencia
La palabra mágica vuelve a ser “unidad”. En traducción política, unidad suele significar que todos pueden participar mientras no cuestionen el resultado, todos pueden competir mientras no estorben al favorito y todos pueden tener aspiraciones mientras acepten que la aspiración principal es obedecer.
Morena presume estructura en Tamaulipas, comités seccionales y presencia territorial. Perfecto: una estructura partidista fuerte puede ser valiosa. Pero una estructura no es democracia por el simple hecho de estar organizada; también puede convertirse en maquinaria de disciplina, reparto de lealtades y control de disidencias si las decisiones importantes se toman lejos de la militancia y se presentan después como voluntad colectiva.
El llamado a serenarse sería creíble si viniera acompañado de reglas claras, árbitros confiables, transparencia en las encuestas, rendición de cuentas sobre los criterios de selección y condiciones parejas para todos. Sin eso, el mensaje no es “guarden la calma”: es “guarden silencio hasta que les avisemos quién ganó”.
Y, francamente, cuando un dirigente insiste tanto en que no hay candidaturas repartidas, uno no puede evitar mirar debajo de la mesa. No para buscar dados cargados, desde luego. Sólo para confirmar que no haya una lista ya escrita, con tinta guinda y el clásico sello de “decisión del movimiento”.
Con información: HOYTAMAULIPAS/
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