En las casillas reservadas para los datos del padre aparece la abreviatura “N/A”, de No aplica. Con ese pequeño gesto burocrático —una sigla, dos letras y un vacío— quedó borrado del documento el nombre de Armando Valencia Cornelio, uno de los fundadores del Cartel del Milenio. El recién nacido inscrito en aquella acta de nacimiento emitida por el Gobierno de California era Juan Carlos Valencia González, también conocido como R3.

Cuatro décadas más tarde se convertiría en el primer jefe de una organización mexicana dedicada al tráfico de drogas —el Cartel Jalisco Nueva Generación (CJNG)— nacido en territorio estadounidense.

La michoacana Rosalinda González Valencia, de 21 años entonces, registró a su primer hijo como madre soltera. Así consta en una copia del acta de nacimiento del capo obtenida por el diario español EL PAÍS: Juan Carlos Gonzalez, sin tilde, como si al registro civil californiano también se le hubiera extraviado un acento. Con los años, ese nombre se sumaría al catálogo de alias que le atribuyen las autoridades: R3, El Pelón, El JP, 03, Tricky Tres y Pelacas.

El registro civil de California, además, dejó su propia huella en la identidad de Rosalinda. “Valencia” fue asentado como segundo nombre y “González” como apellido paterno, un enredo burocrático que dificultaría rastrearla en los archivos. Ella dejó el registro tal como había quedado: un apellido desplazado, otro reacomodado y una identidad administrativamente torcida.

Nacer entre casillas vacías

El primogénito de Rosalinda e hijastro de El Mencho nació a las 00:15 horas del miércoles 12 de septiembre de 1984 en el Mercy General Hospital, un centro médico privado de Santa Ana, un suburbio situado a unos 50 kilómetros al sur de Los Ángeles. Ese año nacieron allí 1.215 bebés.

El hospital, ubicado en la calle Bristol y hoy rebautizado como South Coast Global Medical Center, atendía tanto a pacientes que podían pagar sus cuentas como a familias de bajos ingresos dependientes de programas de asistencia pública. El condado de Orange atravesaba entonces una etapa de maternidades saturadas por el aumento de la natalidad, un fenómeno que atribuían a la llegada de mexicanos y otros inmigrantes latinoamericanos. Aquella migración modificaría la demografía de Santa Ana. En Sacramento gobernaba el republicano George Deukmejian; en Washington, Ronald Reagan ocupaba la Casa Blanca.

La infancia que se pierde

El acta de nacimiento de Juan Carlos González Valencia sería el último registro público suyo localizado en los archivos del condado de Orange. Después, el rastro se diluye.

A partir de 1986, Rosalinda dio a luz en San Francisco, al norte de California, a los tres hijos que tuvo con Nemesio Oseguera Cervantes, El Mencho, fundador del CJNG. Es posible que R3 haya pasado sus primeros años con su madre, su padrastro y sus hermanastros en el área de la Bahía. Pero, de esa etapa, queda poco más que silencio documental.

Mientras El Mencho comenzaba su carrera criminal como vendedor de heroína en San Francisco y cumplía dos condenas de prisión por ese delito —tras ser detenido en 1986 y 1989, antes de ser deportado—, Rosalinda sobrevivía con los trabajos disponibles. “Mis trabajos fueron en el campo, en empacadoras, limpiando casas, cuidando niños y en restaurantes. Todo con el fin de salir adelante”, escribió en una carta enviada a un tribunal de Washington, D.C. En ese documento relató que emigró a Estados Unidos a los 14 años.

Décadas después, cuando El Mencho ya reinaba sobre una de las estructuras criminales más poderosas de México, la familia y sus cómplices habían levantado una extensa red empresarial: hoteles, restaurantes, tequileras, gasolineras y hasta un negocio de zapatos infantiles. La DEA calculaba que la fortuna del capo superaba los 1.000 millones de dólares y lo colocaba entre los delincuentes más ricos del mundo.

La ruta de una hermanastra

La trayectoria académica de Jessica Johanna Oseguera González, hermanastra de R3 e hija de El Mencho, ofrece algunas pistas sobre los lugares por los que pudo transitar el futuro jefe criminal durante parte de su adolescencia.

Según diplomas académicos incorporados a su expediente judicial, Jessica concluyó la primaria en el verano de 1998 en la escuela Amalia Solórzano de Cárdenas, en Apatzingán, Michoacán. Juan Carlos González Valencia tenía entonces 13 años. En 1999 fue inscrita en la secundaria Castle Park, en Chula Vista, California. Para 2000 estudiaba en la secundaria Colegio Inglés de Tijuana, México, donde terminó ese nivel educativo y siguió a la preparatoria.

En 2001 regresó al sureste mexicano: fue inscrita en la preparatoria Instituto Ausubel, en Morelia, Michoacán, donde cursó hasta el cuarto semestre. Para el ciclo escolar de 2004 estudiaba en la preparatoria Jefferson, también en Morelia. El recorrido de la hermanastra no prueba por sí mismo dónde estuvo R3, pero sí dibuja el mapa familiar entre California, Baja California y Michoacán.

Un capo “Made in California”

Después de su acta de nacimiento, el siguiente rastro documental público de Juan Carlos González Valencia en el sur de California aparece hasta marzo de 2011. Tenía 26 años cuando compró, por 250.000 dólares, un rancho de 19.468 metros cuadrados en Hemet, una propiedad cuyo valor actual asciende a 695.000 dólares.

En el registro del condado de Riverside revisado por EL PAÍS, el nombre aparece exactamente como en su acta de nacimiento: únicamente con el apellido materno. El vacío paterno del registro original, por tanto, siguió proyectándose décadas después sobre los documentos de propiedad.

A finales de julio, el Gobierno de Trump inició el proceso para decomisar la finca, dentro de las sanciones que meses antes le había impuesto la Oficina de Control de Activos Extranjeros (OFAC). Pero el Departamento de Justicia busca más que ese rancho: la acusación presentada ante una corte del Distrito de Columbia le imputa un cargo de conspiración para producir y distribuir cocaína y metanfetamina, así como otro por uso de armas de fuego. El Gobierno estadounidense también advierte que intentará decomisar todos los bienes que R3 haya adquirido con ganancias provenientes del tráfico de drogas.

Al nuevo patrón del CJNG le sobran familiares en el sur de California. Tiene tíos, primos y sobrinos que viven o han vivido en Santa Ana, Anaheim, Orange, Garden Grove, Lake Forest, Laguna Niguel, San Jacinto, Hemet y Riverside. Algunos llevan años bajo la lupa de la DEA.

R3 dejó prácticamente abandonada su finca de Hemet, bajo el cuidado de su tío materno José María González Valencia, para dedicarse de lleno al crimen organizado en México. Primero encabezó un comando de sicarios llamado Grupo Élite. Desde febrero pasado tomó el control del CJNG, tras la muerte de su padrastro, El Mencho, durante un operativo militar en Tapalpa.

“Él es el que más resalta de los líderes regionales del Cartel Jalisco”, declaró el secretario de Seguridad Pública de México, Omar García Harfuch, en una conferencia del pasado 4 de septiembre.

Sobre este delincuente Made in California, hoy al frente del CJNG, pesa una recompensa de 25 millones de dólares: una de las más altas ofrecidas por un narcotraficante de cualquier nacionalidad. Para la DEA, R3 es actualmente su principal objetivo de captura.

Con información: ISAIAS ALVARADO/DIARIO ESPAÑOL/ELPAIS/

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