El “mejoral” contra la gangrena sinaloense ya llegó: más soldados para que el paciente no se desangre tan rápido, aunque nadie se atreva a decir que eso equivale a curarlo.

Sinaloa: el Ejército contiene la hemorragia, pero la gangrena sigue ahí

En Sinaloa aplicaron el remedio de siempre: mandar miles de militares, marinos, guardias nacionales y policías para que la violencia no se salga todavía más del corral. Funciona, dice el Consejo Estatal de Seguridad Pública (CESP), en el sentido más modesto y deprimente de la palabra: sin ese despliegue, el estado estaría dos o tres veces peor. Un logro nacional: no resolver el desastre, sino evitar que el desastre se convierta en catástrofe con horario extendido.

Miguel Calderón Quevedo, coordinador del CESP, admite lo obvio con una franqueza poco frecuente: los federales son un dique, no una cura. Porque una entidad no puede vivir eternamente conectada al respirador militar, esperando que Sedena, Marina y Guardia Nacional hagan de Estado sustituto mientras las instituciones locales siguen en terapia intensiva. Y, según el propio diagnóstico, ni siquiera están fuertes: simplemente no están.

La cosa no se arregla con más uniformes patrullando colonias, retenes y carreteras. O no sólo. El CESP plantea educación, deporte, cultura, recuperación de espacios públicos, prevención y coordinación institucional; es decir, todo aquello que suele aparecer en los discursos oficiales cuando ya se comprobó que la estrategia de “manden más tropa” sólo compra tiempo, pero no futuro.

El problema, además, no es únicamente que el crimen esté organizado. Es que el resto no. Escuelas, DIF, centros de atención a mujeres y dependencias públicas operan con frecuencia como islas burocráticas: duplican tareas, se estorban o avanzan cada quien con su pequeño plan de PowerPoint. Mientras tanto, los grupos criminales entienden mejor que nadie la palabra “articulación”: tienen mando, estructura, recursos, control territorial y objetivos claros.

También hay una factura social que pocos quieren pagar. Calderón Quevedo señala que parte de la sociedad sinaloense ha cobijado, celebrado o convertido en leyenda a quienes deberían provocar repudio. No basta con rasgarse las vestiduras por la violencia si después se convierte al delincuente en héroe de canción, en personaje admirable o en símbolo de éxito rápido. La apología no dispara un arma, pero ayuda a normalizar al que la carga.

Así que sí: el despliegue militar contiene la violencia. Es el Mejoral institucional para una enfermedad mucho más grave. Baja la fiebre, permite que el paciente siga de pie y hasta da para una conferencia de prensa. Pero la gangrena —instituciones débiles, impunidad, descoordinación, precariedad y una cultura que a ratos romantiza al criminal— sigue avanzando debajo de la venda.

Con información: NOROESTE/

Una respuesta a «“MEJORAL vs. la GANGRENA: MILITARES han SERVIDO para que SINALOA NO se DESANGRE tan RÁPIDO, pero no la CURAN”… 20 años haciendo lo mismo, esperando ilusamente que ahora sí funcione.»

  1. […] Sinaloa ofrece la paradoja completa. Hay miles de elementos federales, mas de 17 mil, desplegados, operativos, decomisos y detenciones. Aun así, el estado se mantuvo entre los de mayor número de homicidios en 2026. Puede discutirse si los refuerzos ayudaron a reducir ciertos indicadores frente a 2025; lo que no puede venderse con seriedad es que el despliegue masivo haya resuelto el problema como reclama el CESP. […]

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