En Montemorelos, cinco personas murieron y tres de ellas eran niños. La escena deja una pregunta insoportable: qué ocurrió dentro de esa familia. Las autoridades investigan una hipótesis, pero todavía no han establecido públicamente cómo sucedieron los hechos.

A Cinthia Abigaíl Tamez Rivera, de 33 años, y a su hijo Gustavo, de 2 años y 8 meses, los encontraron sin vida dentro de una Jeep roja en el Fraccionamiento Los Fresnos. Al saber que tenía otros dos hijos, los agentes fueron a su casa, a unas tres cuadras de allí. Encontraron muertos a Christian, de 12 años; Bruno, de 11, y a Leodegario Moya, pareja de Cinthia. Los cinco presentaban heridas de bala.

Según fuentes cercanas a la investigación, una de las hipótesis apunta a que Cinthia habría matado a sus hijos y a su pareja antes de quitarse la vida. Es una posibilidad terrible, no un hecho probado. La Fiscalía deberá establecer, mediante peritajes y otros indicios, quién disparó y en qué secuencia ocurrieron las muertes.

No hace falta inventarle motivos a nadie para que esta historia resulte devastadora. Tampoco convertir a los niños en detalles de una teoría todavía abierta. La conducta humana puede llegar a un extremo atroz; lo mínimo que se les debe a estas cinco personas es contar lo que se sabe, distinguirlo de lo que se sospecha y no llamar certeza al espanto.

Con información: ELNORTE/

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