El gobernador de muy malos oficios,Américo Villarreal, finalmente abrió espacio para escuchar a quienes llevan demasiado tiempo buscando respuestas, además de a sus desaparecidos. Ayer 7 de octubre, el mandatario de Tamaulipas que «no manda», se reunió con representantes de 18 colectivos y personas buscadoras independientes. Hubo reconocimientos a su disposición, propuestas de mesas de trabajo y compromisos de atención. Bien por el diálogo; ahora falta lo más incómodo para cualquier gobierno acostumbrado al boletín: convertirlo en resultados.

Porque esta apertura no apareció en un paisaje de satisfacción ciudadana. En septiembre, Edith González Treviño, del colectivo Amor por los Desaparecidos, denunció que el Centro de Identificación Humana llevaba tres años sin seguimiento y reclamó su operación urgente.

La reunión quedó programada después de protestas frente a la residencia del mandatario. Dicho sin perfume institucional: las familias tuvieron que hacerse escuchar afuera para conseguir que las escucharan adentro.

LA SORDERA POLÍTICA NO SE CURA CON UN MICRÓFONO

La crítica al gobernador por no atender a los colectivos que recoge el reclamo de buscadoras ante Claudia Sheinbaum. Es un antecedente que contrasta con la postal reciente del mandatario dispuesto a escuchar.

Pero tampoco conviene vender el encuentro de octubre como un estreno absoluto: en septiembre de 2025 ya se había informado de otra reunión con colectivos, igualmente acompañada de compromisos de atención y fortalecimiento operativo.

La pregunta, entonces, no es solamente cuándo abrió la puerta, sino qué ocurrió entre una promesa y la siguiente para una entidad declarada campeona del levanton nacional que acumula esta madrugada 13,771 desparecidos, la cifra mas alta de todo lo que queda de pais y que ademas rebasa a entidades como Jalisco y edomex,con mayor densidad de población.

Escuchar es una obligación, no una hazaña. Recibir a las familias no merece fanfarrias como si el gobernador hubiera descubierto una nueva función del cargo. Y repetir que habrá coordinación, sensibilidad y seguimiento puede sonar muy bonito frente a las cámaras, pero una madre buscadora no necesita una colección de adjetivos: necesita personal, seguridad, diligencias y respuestas.

Las carencias expuestas tras el encuentro aterrizan la discusión. Según lo publicado por El Horizonte, las buscadoras reclamaron más personal, protección durante las diligencias y la creación del Centro de Identificación Forense. Edith Pérez Rodríguez, de Voz y Dignidad por los Nuestros, señaló que existen zonas de exterminio pendientes de exhumación por falta de personal. Otras participantes expresaron su esperanza de que ahora sí lleguen avances y describieron el desamparo en el que realizan sus búsquedas. Eso no es un problema de relaciones públicas: es una exigencia de capacidad institucional.

MENOS VERBORREA, MÁS BÚSQUEDA

Que algunas representantes hayan reconocido la apertura del gobernador merece consignarse sin torcer sus palabras. También debe consignarse que hablaron de seguimiento, necesidades pendientes y vigilancia sobre los compromisos. Edith Pérez lo resumió con una advertencia que vale más que cualquier aplauso: «no vamos a quitar el dedo del renglón». El reconocimiento al diálogo no equivale a certificar que la crisis está resuelta.

La verborrea gubernamental sirve de poco cuando no llega acompañada de acciones verificables. Sin personal suficiente, protección para las buscadoras, capacidad forense y cumplimiento de los acuerdos, la disposición corre el riesgo de quedarse en lo de siempre: una fotografía de cercanía para cubrir una distancia enorme.

Américo puede afinar el discurso cuanto quiera. Lo que debe afinar es la respuesta del Estado. Porque las familias no están buscando un gobernador que se escuche bonito: están buscando a los suyos. Y para eso, señor gobernador, el boletín no sirve de pala.

Con información: HoyTamaulipas/

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