A ellos los alcanzaron las balas. A los demás nos debería alcanzar, por lo menos, la indignación. Dos hombres fueron asesinados este jueves 15 de octubre dentro de un Volkswagen Vento negro, en la gaza que conecta la avenida Gómez Morín con Morones Prieto. Otro doble homicidio a plena luz del día; otra escena que no debería digerirse como una simple complicación de tránsito.

La agresión fue reportada alrededor de las 12:10 horas, en la incorporación hacia Morones Prieto, rumbo al poniente. Elementos de Rescate 911 de Protección Civil de San Pedro acudieron al lugar y confirmaron que los dos ocupantes del automóvil habían muerto. Los primeros reportes estimaron que tenían entre 40 y 50 años; sus identidades todavía no habían sido dadas a conocer.

La información posterior añadió un elemento al relato inicial: no se habría tratado únicamente de un vehículo que se emparejó para disparar. Según lo publicado por Milenio, los hombres fueron perseguidos durante aproximadamente 300 metros, desde la zona de la Diana Cazadora. En un tramo de más de 200 metros se localizaron decenas de casquillos de arma corta, una secuencia que deberá esclarecer la investigación.

El Vento, con placas RKT-631-C, terminó detenido junto al barandal de la gaza. Presentaba impactos en las ventanillas, la parte posterior y otras zonas de la carrocería. Los cuerpos quedaron en los asientos del conductor y del copiloto. Allí se acabó su recorrido, no en una estadística ni en un parte vial: dentro de un automóvil baleado al mediodía.

Las balas cruzan; las jurisdicciones se precisan

Tras los primeros reportes que situaban el crimen en San Pedro, la Secretaría de Seguridad Pública de ese municipio puntualizó que el lugar donde quedó el vehículo corresponde a Monterrey. También informó que colaboraría con las autoridades para esclarecer el caso. La precisión territorial es necesaria para informar correctamente; convertirla en respuesta suficiente frente a dos asesinatos sería otra cosa.

Porque las balas no consultan el mapa municipal. Y aclarar de qué lado quedó un automóvil no responde las preguntas importantes: quién disparó, cómo ocurrió la persecución y quién responderá por las dos vidas arrebatadas.

Al sitio llegaron agentes ministeriales, policías y personal pericial para recabar indicios. Las autoridades también revisaban cámaras de seguridad para tratar de ubicar a los responsables. El cierre del paso vehicular afectó la circulación en la conexión con Morones Prieto.

Hasta los reportes consultados, las víctimas seguían sin ser identificadas públicamente y no se había informado de detenciones. Tampoco se había establecido públicamente el móvil del doble homicidio. Lo demás —las etiquetas fáciles, los antecedentes imaginados, el cómodo “en algo andarían”— sería rellenar con prejuicios lo que la investigación todavía no explica.

Que el crimen no termine reducido al tráfico

La muerte los sorprendió a ellos. El peligro para el resto es que ya no nos sorprenda: que dos personas asesinadas se conviertan en “otro hecho”, que la discusión pública se agote en la frontera entre municipios y que la preocupación dure exactamente lo que tarda en reabrirse una avenida.

No hace falta inventar una declaración oficial para cuestionar la tentación de minimizar la violencia. Tampoco dar por indiferente a toda la ciudadanía para advertir el riesgo de acostumbrarnos. Basta con negarse a aceptar que un doble homicidio tenga como desenlace social un suspiro, una ruta alterna y el siguiente pendiente.

Una vialidad puede volver a abrir. Las dos vidas, no.

Con información: ELNORTE/

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