Tanto apodo de leyenda, tanta fama de intocable y tanta mitología criminal para terminar buscando una salida con los abogados. Rafael Caro Quintero, el llamado “Narco de narcos”, mantiene conversaciones con la Fiscalía estadounidense para alcanzar un acuerdo de culpabilidad y evitar el juicio. El hombre cuyo nombre llegó a sembrar terror ahora depende de algo bastante menos cinematográfico: que avance una negociación.

Pero conviene no adelantar el corrido de la rendición: todavía no hay pacto. La audiencia del 14 de octubre en Nueva York terminó sin acuerdo y, aunque su defensa presume avances, la acusación sostiene que no existe una oferta formal. Por ahora, “Don Rafa” no ha cambiado su declaración de inocencia por una de culpabilidad. Está buscando un arreglo; no lo ha conseguido.

Ahí está la postal que le revienta la fantasía al narcocorrido: el fundador del Cártel de Guadalajara, presentado durante décadas como un personaje al que nadie podía tocar, espera ahora que sus abogados encuentren una salida procesal. La siguiente audiencia está prevista para el 20 de noviembre y el juicio continúa programado para marzo de 2027. El expediente no se espanta con apodos.

Del otro lado está la DEA, que convirtió el caso de Enrique “Kiki” Camarena en una cuenta pendiente institucional. En su memorial “Justicia para Kiki”, la agencia describe a Caro Quintero como un capo que sembró “violencia, destrucción y muerte”. Cuando recibió al mexicano en Estados Unidos, en febrero de 2025, su entonces administrador interino, Derek S. Maltz, lanzó un mensaje sin demasiada diplomacia: no importa cuánto tiempo pase ni qué tan lejos huyan, la justicia los encontrará

La historia tampoco empezó ayer. Camarena fue secuestrado en Guadalajara el 7 de febrero de 1985; su cuerpo fue localizado el 5 de marzo. Cuatro décadas después, su asesinato sigue entre las acusaciones que enfrenta Caro Quintero en Estados Unidos. Para la familia del agente, la llegada del capo a territorio estadounidense representó un paso hacia la justicia después de 14.631 días de espera

Caro Quintero ya había probado las ventajas de una puerta judicial abierta: salió de prisión en México en 2013 por una resolución sobre la competencia del tribunal que lo había juzgado. Fue recapturado en 2022 y terminó bajo custodia estadounidense en febrero de 2025, dentro del grupo de 29 capos enviados desde México. La libertad que recuperó no fue el capítulo final: fue un paréntesis.

Ahora busca otro desenlace, esta vez mediante conversaciones con la Fiscalía. Y esa es la escena que desmonta la propaganda del narco: mucha leyenda de hombre indomable, pero, frente al expediente y la posibilidad de un juicio, también aparece la disposición a negociar. No hay todavía confesión consumada ni acuerdo firmado; hay una defensa intentando conseguirlo.

Al “Narco de narcos” no lo está despidiendo un corrido triunfal. Lo está alcanzando una agenda judicial: noviembre para volver a comparecer; marzo para enfrentar el juicio si no prospera el arreglo. Tanto personaje de leyenda para acabar pendiente de lo que resuelvan un fiscal, una abogada y un juez.

Con información: DIARIO ESPAÑOL/ELPAIS/ERNESTO NUÑEZ/

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