El poder marea y el dinero compra muchas cosas, pero no garantiza impunidad en las urnas. Esa es la tesis que Ramón Alberto Garza, Rodrigo Carvajal y Alejandro Fuentes ponen sobre la mesa en Círculo Magenta: cuando el bolsillo aprieta y la soberbia gobierna, el ciudadano puede convertir su voto en venganza.

En su lectura de la elección estadounidense del 3 de noviembre, los periodistas describen un descalabro republicano que habría dejado una advertencia para Donald Trump y sus patrocinadores: ni el control institucional ni los millones atribuidos a Elon Musk alcanzan para comprar indulgencias. Texas aparece en su análisis como el laboratorio del hartazgo: voto latino, jóvenes movilizados y familias cansadas de la incertidumbre económica y de los excesos migratorios.

La desconexión tiene una imagen demoledora: un presidente hablando de oro y mármol mientras sus ciudadanos hacen malabares para pagar vivienda, alimentos y servicios. Mucho brillo en el palacio, poca respuesta en la despensa.

Pero tampoco reparten tranquilizantes para México. Carvajal plantea que un contrapeso demócrata podría mejorar el ambiente para el T-MEC, aunque no borraría la presión estadounidense contra los cárteles. En esa agenda, advierte la mesa, cambian los colores partidistas, pero no necesariamente los objetivos.

El otro destinatario del jalón de orejas es la oposición mexicana: menos desfile de egos y más estrategia, alianzas y candidatos capaces de conectar con la gente. Porque el descontento no se convierte solito en victoria y una coalición de membretes tampoco fabrica una alternativa.

Para el oficialismo, la advertencia es igual de incómoda: la popularidad no es un seguro contra el desgaste. Economía, inseguridad, corrupción y pleitos internos pueden terminar cobrando lo que la propaganda pretende esconder.

La mesa lo resume con el virus de las tres íes: sentirse invencible, invisible e intocable. El problema llega cuando el ciudadano encuentra la vacuna y la deposita en una urna.

Con información: CODIGO MAGENTA/

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