En la muy pulcra —al menos en el discurso— casa de la disciplina naval, alguien olvidó barrer debajo del escritorio. Y no era polvo: eran fajos de billetes.
Todo comenzó como empiezan estas historias que huelen a presupuesto inflado y facturas fantasmas: con una sospecha de desvío por 40 millones 746 mil 71.76 pesos. Pero lo que terminó encontrando la Fiscalía General de la República el 9 de septiembre de 2024 no fue una simple irregularidad contable, sino efectivo contante y sonante: 4 millones 30 mil 650 pesos acomodados con sospechosa discreción dentro de una bolsa de nylon roja, una mochila negra y un sobre amarillo, en la oficina del Capitán Germán Díaz Olivier, nada menos que ex Jefe de Control Presupuestario de la Armada.
El botín estaba perfectamente desglosado: mil 819 billetes de mil pesos, 4 mil 414 de 500, 13 de 200, 20 de 100 y un solitario billete de 50 pesos, como si alguien hubiera querido dejar constancia de que hasta en el desorden hay método.
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— Valor Tamaulipeco (@VaxTamaulipas) July 22, 2026
«MAS de 350 MILLONES ?: EXHIBEN GENERAL OBEDIENTE TRANSANDO CONTRATOS ORDENADOS por AMÉRICO con DINERO de la SEGURIDAD PÚBLICA»…hasta narcos han recibido. https://t.co/uR5Li3Vac4 pic.twitter.com/ofEJbSKMI9
Todo esto, guardado en el segundo piso del edificio “C” de la Secretaría de Marina, en la colonia Los Cipreses, Coyoacán. Un detalle nada menor: no hay antecedente de que, en medio de una investigación ministerial, se haya asegurado una cantidad millonaria dentro de instalaciones de la Marina. Ni en las series de Netxflix y Amazon prime se atreven tanto.
La incursión de fiscales, peritos y agentes de la Policía Federal Ministerial no fue improvisada. Respondía a una carpeta de investigación abierta el 16 de agosto de 2024, tras una denuncia presentada por la propia Armada. La Capitán de Navío en Justicia Naval, Alejandra Ortiz Soria, había puesto el dedo en la llaga: tras revisar sistemas presupuestarios internos y hacendarios, detectaron un esquema que, en términos simples, consistía en pagar por insumos médicos que jamás llegaron.
¿El catálogo del fraude?
Pruebas rápidas de VIH, estudios inmunohematológicos, mantenimiento de equipos de rayos X, unidades de anestesia, tomógrafos, ventiladores mecánicos y medicamentos. Todo pagado, nada entregado. La simulación perfecta, si no fuera porque alguien decidió mirar las cuentas.
#cdmx,#reynosafollow,#cdvictoria,#tampico,#matamoros,#nuevolaredo,#mtyfollow,#slp,#cdjuarez,#puebla,#queretaro,#toluca “YA NO TE COMPONES AMERICO”: “UNO de 26 CAPOS ENTREGADOS a EE.UU TENIA CONTRATOS MULTIMILLONARIOS con la SECRETARIA de OBRAS PUBLICAS que COMANDA PRIMO de… pic.twitter.com/FPCLR5LiWU
— Valor Tamaulipeco (@VaxTamaulipas) August 14, 2025
El 12 de junio de 2024, el Capitán Jorge Alberto Hernández Tovar, subdirector de Erogaciones Centrales, junto con el Director de Ejercicio Presupuestal, reportaron al Contralmirante Manuel Cervantes Acuña un hallazgo incómodo: entre el 26 de enero y el 31 de mayo se habían liquidado 14 facturas por más de 40 millones de pesos por bienes y servicios inexistentes.
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— Valor Tamaulipeco (@VaxTamaulipas) April 16, 2026
LA "JUSTICIA EMPUERCADA": "AMERICO ENTREGÓ CONTRATOS a EMPRESA de CASINO DIAMANTE LIGADA a PENILLA INDICIADA por NARCO por EE.UU"…gobernador no dispara el arma, solo la lubrica, la carga y la pone a trabajar. https://t.co/tw2WkVOBTF pic.twitter.com/AveDqSBJmf
Tres facturas por 10.5 millones a Isaac Santillán Campis; seis por 17.6 millones a PSG Productos y Servicios S.A. de C.V.; y cinco por 12.5 millones a Operadora de Servicios Paseo 121 S.A. de C.V. Además, lograron frenar a tiempo otros pagos por casi 10 millones.
La maquinaria ya estaba en marcha. Según la FGR, Díaz Olivier y otros tres marinos —Carlos Norberto Tirado Jauri, Miguel Ramos de la Cruz y José Ricardo Hernández Moncada— habrían manipulado los sistemas electrónicos de gestión presupuestal, incluso usando claves ajenas, para crear cuentas por liquidar certificadas, ajustar presupuestos y autorizar pagos ilegales. El dinero, claro, terminaba en manos de proveedores dispuestos a simular contratos y devolver el efectivo.
#cdmx,#reynosafollow,#mtyfollow,#cdvictoria,#tampico,#matamoros,#nuevolaredo,#slp,#guadalajara,#verfollow LE “DIERON al CIEGO,le DAN a LA CHISPA”: “MAS EVIDENCIA EXHIBE como AMERICO,BETO GRANADOS y hasta el INE BAILAN JUNTOS el DANZON de CONTRATOS con el CARTEL del GOLFO”…de… pic.twitter.com/CcyHrRtdtE
— Valor Tamaulipeco (@VaxTamaulipas) August 16, 2025
Uno de ellos, Isaac Santillán Campis, proveedor de la Marina desde hace una década, terminó siendo la pieza que descompuso el engranaje. Su relato es menos técnico y más brutalmente claro: primero le pidieron papel y tóner; luego, facturas infladas; después, el dinero de regreso en efectivo. “La Secretaría de Marina necesitaba el efectivo”, le dijeron sin rodeos.
El procedimiento era casi artesanal: le depositaban, él descontaba impuestos, su comisión y otros conceptos, y regresaba el dinero en mano. En una ocasión, entregó 160 mil pesos en una cocina de Iztapalapa; en otra, tuvo que devolver 7.8 millones tras recibir un depósito de más de 10 millones. Para lograrlo, incluso recuperó dinero de un subcontrato, recibiéndolo en una caja de huevo. Sí, una caja de huevo para transportar millones.
Los intercambios no eran discretos, eran cínicos. Mensajes de WhatsApp lo evidencian: “El jefe quiere ese monto, el 7.6” o “Hasta las 6 me entregas las galletas”. Las “galletas” eran millones en efectivo que terminaron contándose sobre una cama en un cuarto de azotea en la colonia Avante.
Pero mientras el esquema se desmoronaba, el Capitán Díaz Olivier ofrecía su propia versión. En audiencia, negó ser dueño del dinero. Aseguró que el 1 de julio de 2024 fue citado por el Contralmirante Cervantes Acuña, quien ya le había advertido de irregularidades y le había dado cuatro días para devolver los 40 millones faltantes.
Según su relato, la reunión incluyó a 10 marinos y 5 agentes de la Unidad de Inteligencia Naval. Le pidieron su celular —que ni chip tenía— y lo llevaron a buscarlo al baño. En el trayecto, las preguntas eran directas: “¿Dónde está el dinero?”. Después, lo condujeron a su oficina.
Ahí, la escena se vuelve más turbia: “Patearon la puerta y me dijeron ‘no se haga pendejo’… ‘¿dónde está el dinero?’”. Él respondió que solo tenía 60 mil pesos en un cajón. Pero, según dijo, uno de los agentes encontró una bolsa roja con fajos de dinero. Luego vendría el traslado a la UIN, el interrogatorio y otra visita: su propio automóvil, del cual —según su versión— sacaron otra bolsa con billetes.
“Ese dinero no es mío”, insistió, incluso cuando los agentes estimaban que entre lo hallado en su oficina y su coche había unos 6 millones de pesos.
El Capitán también denunció golpes y amenazas contra su familia para obligarlo a confesar. Su defensa intentó tumbar la imputación alegando tortura, pero el juez José Antonio Martínez Alvarado no compró la narrativa: no hubo autoincriminación ni pruebas derivadas de esos supuestos abusos.
El resultado: vinculación a proceso por peculado, administración fraudulenta y cohecho para Díaz Olivier, junto con Tirado Jauri, Ramos de la Cruz y Hernández Moncada. La red, al menos en papel, quedó expuesta.
Y como suele ocurrir, la historia no se cerró con auditorías, sino con delaciones. En marzo de 2025, un agente de inteligencia naval contactó a Santillán. Lo que siguió fue una entrega meticulosa de chats, audios e imágenes: la evidencia digital de un esquema donde el dinero público se convertía en efectivo, y el efectivo en silencio.
Hasta que dejó de ser silencioso.
Con información: ELNORTE/
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