Para Washington, Juan Pablo Penilla Rodríguez es un criminal; para la cuarta transformación, un asesor honorífico de Américo Villarreal Anaya, para el Congreso Federal un embajador por la paz, para Miguel Angel Treviño alias Z-40,su abogado, lo mismo que para Ismael el «Mayo Zambada». Así funciona el doble y triple estándar del moralismo morenista: mientras el Tesoro de Estados Unidos lo sanciona por ser cómplice del Cártel del Noreste (CDN), en México lo aplaudian por «servir al pueblo», y aun no esta detenido, ni su lana congelada, incluida la que tesorería de Tamaulipas le depositaba por sus servicios.

La eventual entrega en un acto inteligente por parte del abogado para salvar su vida, o la solicitud de captura por parte de EE.UU,acabaria de tajo con el discurso soberanista de la Presidenta Claudia Sheinbaum,a quien también le coqueteaba el abogangster politica y criminalmente organizado.

El Departamento del Tesoro lo describe sin rodeos: Penilla presta “servicios ilegales” a Miguel Ángel Treviño Morales, el “Z40”. Traducción libre: el despacho jurídico del narco firmó convenio con el poder. Desde prisión, “Z40” mantiene su imperio gracias al abogado que, según el gobierno norteamericano, opera como enlace con el cártel y sus lavadores de dinero.

Pero aquí no pasa nada. En México, el mismo abogado fue nombrado —aunque luego “cancelado por error administrativo” — Asesor Honorífico del Ejecutivo de Tamaulipas, bajo el gobierno del morenista Américo Villarreal.

Antes ya había estado en el presidium del Congreso de la CATEM, la central sindical apadrinada por Pedro Haces y bendecida por López Obrador. Y sí, también fue laureado por la Cámara de Diputados como “Embajador Internacional por la Paz”. Difícil saber si era humor negro o simple complicidad institucional.

No es la primera vez que su nombre circula entre expedientes del narco y pasillos de la 4T: aparece en una carta de Ismael “El Mayo” Zambada dirigida al Consulado en Nueva York, pidiendo su retorno a México y mencionando a Penilla como su abogado.

A estas alturas, el discurso de “no somos iguales” parece redactado en bufete compartido con el crimen organizado. En el país donde ser sancionado por Washington es certificado de confianza, el oficialismo morenista sigue fabricando “embajadores de la paz” entre narcos, lavadores y sus defensores legales.

Con informacion: ELNORTE/

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