En Nuevo León ya innovaron en materia de justicia: ahora sí hay retrato hablado del sicario… pero no lo puede ver nadie. Una especie de “se busca”, versión confidencial. El Fiscal Javier Flores presume que tienen la cara del asesino que ejecutó a un joven sinaloense frente a Arboleda —uno de los escaparates más vigilados del municipio más “seguro”—, pero acto seguido decide guardarla bajo llave, no vaya a ser que alguien lo reconozca.

Porque claro, en esta etapa de la investigación “no es conveniente” difundirlo. Lo conveniente, al parecer, es que el sospechoso siga siendo un misterio colectivo mientras la autoridad “trata de ubicarlo”… sin ayuda del público. Una estrategia brillante: tener la imagen del agresor y, al mismo tiempo, actuar como si no existiera.

El guion ya es familiar. Hay cateos —tres, dicen— pero sin direcciones. Hay un cómplice —“al parecer”— pero sin rostro ni rol claro. Hay un vehículo —el Versa fantasma— que apareció días después, con dueño, con renta, con intermediarios… pero sin responsables. Todo existe en potencial, en condicional, en versión preliminar. Nada aterriza.

Y en medio de esa nebulosa, la autoridad también se apresura a descartar lo incómodo: que no hay relación entre el sicario y el policía que detuvo a la víctima justo antes del asesinato. Una coincidencia quirúrgica que permitió al ejecutor disparar con precisión milimétrica. Casualidades que en México suelen tener más estructura que un operativo… pero aquí, oficialmente, son solo eso: casualidades.

El problema no es la falta de información, sino su administración selectiva. Se confirma lo que no compromete, se reserva lo que podría incomodar, y se dosifica la verdad como si fuera secreto de Estado. Mientras tanto, el mensaje es claro: sabemos quién es… pero no te lo vamos a decir.

Así, la Fiscalía juega a las escondidas con un homicida que, según ellos mismos, ya tiene rostro. Y en esa contradicción —entre “lo estamos buscando” y “no es conveniente mostrarlo”— se asoma una vieja práctica: investigar sin transparencia, avanzar sin rendir cuentas y, sobre todo, administrar el caso para que no incomode más de lo necesario.

Porque en San Pedro, al parecer, la seguridad es tan alta… que hasta los retratos hablados necesitan escolta.

Con informacion: ELNORTE/

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *