Colombia ya hizo lo que muchos en México siguen discutiendo en sobremesas eternas: sacó a la izquierda del poder. Y no fue magia, fue método. Nada de iluminados ni golpes de suerte. Un abogado sin carrera política —Abelardo de la Espriella— le ganó al aparato de Petro. ¿La clave? Entender el juego mejor que los que llevaban años jugándolo y Luis Arturo Herrera nos lo explica desde las redes.

Y sí, hay lecciones incómodas para México.

Primero: deja de disparar a todo y apunta a una sola herida. En Colombia fue la seguridad. Petro vendió “paz total” y entregó un país con decenas de miles de muertos. En México ni siquiera hay que buscarle: homicidios desbordados, extorsión como industria y más de 130 mil desaparecidos. El problema no es que falte munición, es que la oposición dispara al aire.

Segundo: menos gritos, más expedientes. Aquí se acusa con adjetivos, allá se documentó con contratos, nombres, fechas y montos. No es “son corruptos”, es “aquí está cómo, cuándo y cuánto”. La diferencia entre el meme y el caso judicial.

Tercero: deja de reciclar cadáveres políticos. Los partidos tradicionales ya fueron derrotados y siguen actuando como si no se hubieran enterado. En Colombia ganó alguien que no olía a político. No tenía pasado que defender ni facturas que pagar. En México, la pregunta incómoda es: ¿quién cumple ese perfil sin estar ya contaminado?

Cuarto: el poder ya no está en el noticiero, está en el algoritmo. Mientras unos siguen mendigando minutos en televisión, otros están ganando elecciones en TikTok. Mensaje directo, sin intermediarios, hablando con quienes van a pagar la cuenta: los jóvenes. En México, esos mismos jóvenes heredarán una deuda gigantesca y un sistema que no diseñaron, pero nadie les habla en su idioma.

Quinto: el hartazgo no basta, hay que convertirlo en identidad. La oposición cree que ganar es presentar un PDF de 80 páginas que nadie va a leer. Error. En Colombia, el mensaje cabía en tres páginas… y en una camiseta. Sí, una camiseta de la selección convertida en símbolo, en uniforme, en bandera. Cuando intentaron prohibirla, la volvieron aún más poderosa. Así se construye narrativa, no con PowerPoints.

Y sexto —porque esto no es academia, es política real—: simplifica. Stickers, lemas cortos, símbolos reconocibles. Que la gente no solo entienda el mensaje, sino que lo pueda portar, repetir y defender. No necesitas un tratado, necesitas algo que se grite.

El punto es incómodo pero evidente: en México sobran razones para sacar a Morena del poder. Lo que falta no es indignación, es método. Y mientras sigan creyendo que la política se gana con nostalgia, conferencias y egos, el resultado va a ser el mismo.

Con información: Redes/

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