Ahí va el marcador más reciente de TRESEARCH al cierre del jueves 25 de junio de 2026: 42,181 homicidios acumulados en lo que va del sexenio 2024-2030, con un promedio de 67 muertos diarios y 41 registrados tan solo el día anterior. Son 632 días de gobierno de Claudia Sheinbaum. Hagan las cuentas del resto del sexenio solos, que la calculadora llora.

El Estadio Azteca no les alcanza

Para quienes necesitan visualizar la magnitud, aquí va la analogía más mexicana posible: el Estadio Azteca —el glorioso Coloso de Santa Úrsula, recién remozado para el Mundial— tiene capacidad para 87,000 espectadores. Los 42,181 muertos del sexenio sheinbaumista equivalen exactamente a llenar el 48.5% del Azteca. La mitad del estadio. Nada más que en lugar de portar playeras de la selección, todos en posición fetal.

Para que la imagen sea completa: si juntamos los muertos del sexenio anterior de López Obrador —más de 202,000 homicidios en seis años terribles años — llenarías el Azteca más de dos veces completas y todavía quedarían 80,181 muertos sobrando buscando dónde sentarse. Eso sí es un récord olímpico.

Comparémonos con el mundo mundial

Por si el Azteca no convence, comparemos con referencias internacionales:

  • Zonas de guerra activa: En 2016, México con sus 23,000 homicidios anuales ya superaba a Irak (17,000) y Afganistán (16,000), convirtiéndose en la segunda zona más letal del planeta después de Siria, según el Instituto Internacional de Estudios Estratégicos. Sin ejércitos invasores, sin bombas de racimo, con pura «estrategia de seguridad».
  • Ciudades más violentas del mundo: En el ranking 2025, 17 ciudades mexicanas figuran entre las 50 más violentas del planeta — más que ningún otro país. Colombia tiene 8 y Ecuador 7. Campeón sin trofeo.
  • Culiacán llegó al sexto lugar mundial con una tasa de 103.91 homicidios por cada 100,000 habitantes. Singapur tiene 0.12. Solo para dimensionar.

El ahorro de formol que se presume (y lo que no se dice)

Ahora sí, el número estrella del gobierno: el secretario Omar García Harfuch y la presidenta Sheinbaum celebran que los homicidios «bajaron 45%» — de 91.7 diarios en 2024 a 50.8 en el primer trimestre de 2026. Aplausos, confeti, mañanera de gala.

El truco, denunciado puntualmente por Valor Tamaulipeco, es tan sencillo como elegante: si no aparece el cuerpo el mismo día, no cuenta como homicidio. Los desaparecidos que aparecen meses después en una fosa clandestina dejan de ser «desaparecidos»… pero tampoco entran al conteo diario de homicidios. Se convierten en una categoría burocrática de lujo: «restos localizados». Fuera del radar. Fuera de la estadística. Fuera de la narrativa presidencial. Eso sí es administración pública de alto nivel.

Mientras los homicidios «bajan» en la pantalla, las desapariciones crecen y la cuenta nacional ya ronda esta madrugada los 135,255 personas desaparecidas o no localizadas.

Curioso, ¿verdad? Bajas los homicidios en el papel y subes las desapariciones en la realidad. Cambias la forma de contar, no la violencia.

72,000 cuerpos sin nombre: el inventario que nadie quiere auditar

Y aquí viene el dato que destroza cualquier narrativa oficial de «récord histórico a la baja»: México tiene actualmente más de 75,000 cuerpos y restos humanos sin identificar embodegados en sus servicios médicos forenses, además de más de 4,500 fosas clandestinas con más de 6,200 cadáveres y 4,600 restos registrados.

La ONU lo dice con todas sus letras: las desapariciones en México podrían equivaler a crímenes de lesa humanidad.

La capacidad máxima de los anfiteatros del país es para apenas 15,000 cadáveres, pero en 2024 los servicios periciales recibieron más de 100,000 cuerpos. ¿El formol? Escasea. ¿Las cámaras de refrigeración? Desbordadas. En Culiacán, los cuerpos esperan entre 24 y 36 horas sin ser analizados; cuando finalmente los abren, ya tienen larvas y olores insoportables. Viva la austeridad republicana.

La aritmética del horror tiene truco

El mecanismo es el siguiente, explicado con la claridad de quien no tiene que ganar una mañanera:

  1. Una persona desaparece → entra al registro de desaparecidos, no al de homicidios
  2. Semanas o meses después aparece en una fosa → ya no es «desaparecido»
  3. Pero tampoco cuenta como homicidio del día → se convierte en «restos localizados»
  4. Resultado en el indicador oficial: menos homicidios ese día
  5. Resultado en la realidad: una familia destrozada y una fosa más

Así funciona la magia estadística harfuchiana. Y así es como se puede presumir «el nivel más bajo desde 2016» mientras la ONU te señala por desapariciones forzadas que podrían ser crímenes de lesa humanidad y los colectivos de madres buscadoras encuentran más cuerpos que las propias fiscalías,— como ocurrió en Baja California Sur, donde los colectivos localizaron 140 cuerpos en 103 sitios clandestinos.

El número que no cabe en ninguna mañanera

42,181 muertos en 632 días equivalen a una catástrofe de dimensiones bíblicas que ningúna grafiquita de palacio nacional puede disfrazar. Es como si cada día del gobierno de Sheinbaum muriera el equivalente a un avión lleno de pasajeros. Todos los días. Sin parar. Un Airbus A320 completo de muertos, cada 24 horas.

Y eso es solo lo que aparece en el conteo oficial. Los 75,000 sin identificar en los SEMEFO, los 135,255 desaparecidos, los muertos de las fosas que no cuentan el día que los entierran ni el día que los desentierra una madre con las manos — esos están en el limbo estadístico más conveniente que ha conocido la historia moderna de México.

Uyyy, qué poquitos, sí. Casi nada.

Con información: TRESEARCH/

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