El Gobierno de la República, harto humanista y transformador, dice que no quiere censurar la libertad de expresión, solo ponerle subtítulos a la realidad: “esto es noticia”, “esto es opinión” y “esto es publicidad”, mientras él mismo sigue mezclando impunemente propaganda, verdades a medias y sermones presidenciales sin plecas ni cortinillas.

Gobierno semántico, país en llamas

En lugar de corregir el desastre del mal gobierno, la receta oficial es de lingüística aplicada: si el país está hecho un caos, no importa, siempre y cuando en la pantalla salga una leyenda que diga “este programa puede contener opinión e información de manera indistinta”. O sea: la realidad no se corrige, solo se rotula.

La Consejera Jurídica se indigna porque, según ella, nadie ha leído los lineamientos y hay una “ola de desinformación”. El detalle es que la desinformación la combate con una especie de tutorial de televisión por cable: pleca para opinión, mensaje para noticia, letra “P” para publicidad… pero ningún símbolo para “propaganda gubernamental” ni para “datos acomodados”. Eso, al parecer, va en paquete de gobierno.

Plecas contra la censura… dicen

El artículo 11 ordena que radio, TV y servicios de paga diferencien cuándo el conductor está informando y cuándo está opinando, usando plecas, cortinillas o mensajitos en pantalla. Traducido: el público es tan incapaz, que si no se le avisa con un rótulo, podría confundir una editorial con un boletín.

Ejemplo estrella del gobierno: “Hasta aquí las noticias, vamos ahora con nuestra mesa de análisis y opinión”. La genialidad consiste en creer que la libertad de expresión se defiende con frases de teleprompter y no con instituciones fuertes, medios libres y autoridades que no anden amenazando con exhibir quién sí y quién no les da derecho de réplica.

La letra “P” y la hipocresía

En publicidad la cosa es aún más cómica: quieren una “P” gigante en pantalla cinco segundos antes y cinco después de cualquier contenido pagado. Si un entrevistado está vendiendo un producto, P. Si en la telenovela aparecen marcas, P. Si el gobierno compra tiempos oficiales para presumir logros imaginarios… curiosamente ahí nadie habla de la “P” de propaganda.

Queda prohibido presentar publicidad como información periodística, dice el discurso oficial. Pero al mismo tiempo esa misma autoridad arma “conferencias” diarias donde mezcla cifras, opiniones, ataques a críticos y narrativa oficial como si todo fuera noticia pura y dura. Que los medios pongan plecas; el gobierno, en cambio, seguirá confundiendo mañanera con acto de campaña.

El derecho de réplica… versión gobierno ofendido

El remate es cuando anuncian que van a publicar la lista de medios que no responden las peticiones de derecho de réplica del Gobierno. No es protección de audiencias, es lista negra de quienes no se alinean al guion oficial. El mensaje es claro: si no me das el mismo espacio para corregirte como yo te pegué, te exhibo.

Todo está envuelto en la retórica del “derecho a recibir información veraz y oportuna”. La pregunta incómoda es quién decide qué es “veraz”, y por qué el gobierno que lleva años confundiendo datos, maquillando cifras y acusando “campañas de desinformación” pretende erigirse ahora en custodio semántico de la verdad.

Semántica de Estado

Desde 2013, 2017, 2022, 2025 y ahora 2026, la historia oficial es que todo se hace “por las audiencias”. Pero cada reforma trae de regalo un poquito más de control, un nuevo pretexto para intervenir, una nueva herramienta para señalar medios incómodos. Eso sí, siempre acompañado de la frase mágica: “no hay censura”.

Si el Gobierno tuviera el mismo empeño en combatir la corrupción, la inseguridad y la violencia exacerbada que en separar con plecas la opinión de la noticia, quizá no necesitaría tantas campañas de desinformación, códigos de ética obligatorios ni defensores de audiencia para blindarse de la crítica. Mientras tanto, México se sigue gobernando a fuerza de etiquetas: no hay buen gobierno, pero eso sí, perfectamente rotulado.

Con información: ELNORTE/

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