No fue un homenaje: fue una obscenidad con betún. En Salamanca, a familias que llevan años buscando a sus hijos, hijas, esposos y hermanos, el DIF municipal les repartió pasteles con las fotografías de sus desaparecidos. Como si el dolor pudiera servirse en rebanadas, decorarse con fondant y fotografiarse para las redes institucionales.
El dolor no es utilería
Una madre buscadora no necesita que el Gobierno imprima el rostro de su hijo en un pastel. Ya carga esa imagen todos los días: en la cartera, en una ficha de búsqueda pegada a un poste, en una lona que levanta bajo el sol, en la angustia de no saber si su hijo está vivo, herido, cautivo o enterrado en alguna fosa que las autoridades no se han dignado a buscar.
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— Valor Tamaulipeco (@VaxTamaulipas) April 26, 2026
«CAMPEONATO NACIONAL de LEVANTADOS»: «DELFINA se LLEVA el ORO,AMERICO la PLATA MIENTRAS ACUMULA ORO y LEMUS de JALISCO el COBRE»…culpables mas que responsables. https://t.co/Kgl2ToEbSY pic.twitter.com/XZFVJR1EaZ
El rostro de una persona desaparecida no es un adorno para una “muestra gastronómica”. No es un recurso creativo para inaugurar un árbol, llenar una galería de Facebook ni simular cercanía con quienes el Estado ha dejado solos. Es la cara de una ausencia brutal. Es la prueba de una familia rota y de una autoridad que llega tarde, cuando llega.
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— Valor Tamaulipeco (@VaxTamaulipas) August 30, 2026
“ATAQUE a MADRE BUSCADORA en SINALOA EXHIBE la INUTILIDAD de la ESTRATEGIA MILITAR en MEDIO de CASI 8 MIL DESAPARECIDOS”…guerra entre bandos de la misma banda duplicó la cifra. https://t.co/LblIMuNffr
Y todavía el acto ocurrió en Salamanca, un municipio con más de 305 personas desaparecidas, dentro de un Guanajuato que acumula más de 5 mil 600. No hablamos de una cifra decorativa para un discurso: hablamos de miles de historias suspendidas, de familias convertidas en investigadoras, rastreadoras, peritas, abogadas y buscadoras porque el Gobierno no hizo su trabajo.
La frase que se derrite sola
El alcalde César Prieto dijo que las instituciones “no han sido sensibles” y que su responsabilidad es “estar presentes, actuar con sensibilidad”. Pero la sensibilidad no se pronuncia en un micrófono mientras se reparten postres con la cara de los ausentes. La sensibilidad se demuestra buscando, investigando, protegiendo a los colectivos, atendiendo a las víctimas y dejando de convertir la tragedia en escenografía de gobierno.
Decir “reconocemos que no se ha escuchado como se debe” mientras se organiza semejante espectáculo es casi una confesión involuntaria: no entienden. O peor: entienden, pero les importa más parecer empáticos que serlo.
Porque hay gobiernos que no buscan hacer el bien; buscan verse bien. Confunden política pública con sesión de fotos, acompañamiento con un mensaje de redes y memoria con propaganda. Y cuando el dolor ajeno se vuelve contenido, el límite ético ya quedó muy atrás, enterrado junto con la vergüenza.
La violencia no admite repostería
En Salamanca no sólo desaparecen personas. El 10 de mayo fueron asesinadas Patricia Acosta y su hija Katia Citlalli, integrantes de un colectivo de búsqueda que buscaban a Miguel Ángel Jáuregui Acosta, hijo y hermano de ambas. Es decir: en un Estado donde las familias buscan a sus desaparecidos, también asesinan a quienes se atreven a buscarlos.
Ante eso, la respuesta no puede ser una ceremonia con pastelitos. No puede ser una fotografía institucional ni un texto cuidadosamente redactado sobre “sensibilidad”. Las familias no necesitan que el Gobierno les monte un acto simbólico; necesitan que les garantice que no serán perseguidas, ignoradas ni asesinadas por hacer la tarea que corresponde a las autoridades.
Lo mínimo es pedir perdón
No basta con explicar que participaron estudiantes o que la intención fue rendir homenaje. Las buenas intenciones, cuando están divorciadas del sentido común y de la dignidad, también lastiman. El DIF de Salamanca y el Gobierno municipal deben ofrecer una disculpa pública, clara y sin excusas a las familias buscadoras.
Pero una disculpa sólo tendría valor si viene acompañada de algo más serio que un comunicado: presupuesto, coordinación efectiva con fiscalías y comisiones de búsqueda, protección para los colectivos, atención psicológica y jurídica real, y resultados verificables.
Porque a las víctimas no se les endulza el duelo. Se les acompaña con respeto. Se les escucha sin cámaras. Se les protege sin condiciones. Y, sobre todo, se busca a sus desaparecidos como si fueran los propios.
Con información: ELNORTE/
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