En Sinaloa ya no basta con contar balas: hay que contar mujeres. Carolina “N”, trabajadora del Ayuntamiento de Escuinapa y maestra de educación especial, fue asesinada esta mañana a tiros afuera de su casa cuando salía a trabajar; tenía 39 años y dejó dos hijos. El crimen ocurrió en plena zona Centro, frente a su vivienda, y los agresores incluso dejaron un mensaje atribuido a grupos delictivos.

Carolina “N” iba a trabajar. No iba armada, no estaba en una balacera entre bandas, no era parte del espectáculo bélico que se ha normalizado en Sinaloa. Era empleada del Ayuntamiento de Escuinapa, maestra de educación especial y madre de dos hijos. Tenía 39 años.

La mañana de este jueves, al salir de su casa en la colonia Centro de Escuinapa, fue interceptada por hombres armados. Alcanzó a intentar refugiarse en la cochera, pero las balas la alcanzaron dentro de su automóvil, un Nissan March rojo que quedó con el motor encendido. Como si no bastara el asesinato, los agresores dejaron un mensaje atribuido a grupos criminales.

Es decir: en Sinaloa ya no sólo matan; también firman.

Y mientras las autoridades montan el protocolo habitual —acordonamiento, patrullas, Ejército, peritos, fotografías, carpetas de investigación y el inevitable “se investigará”—, otra mujer pasa a integrar la estadística de una entidad donde la violencia contra ellas dejó de ser excepción para convertirse en paisaje.

Adrián López Ortiz ,Director de Noroeste lo planteó con crudeza en Plataforma: las mujeres se están volviendo parte del conflicto armado. No sólo son víctimas de feminicidio por razones de género; cada vez son más las que quedan atrapadas, utilizadas, señaladas o ejecutadas en medio de la disputa criminal que tiene a Sinaloa convertido en territorio de guerra.

Los números no admiten maquillaje institucional. De enero a agosto de 2026, 88 mujeres han sido asesinadas en Sinaloa: una cada tercer día, aproximadamente. El 94 por ciento fue ultimada con arma de fuego. Sólo en agosto asesinaron a 24 mujeres, el peor registro mensual reciente, por encima de las 16 víctimas contabilizadas en octubre de 2025.

Y el crecimiento no es marginal ni una mala racha estadística: de 2024 a 2025, los feminicidios aumentaron 86 por ciento; en los primeros ocho meses de 2026, el incremento supera 200 por ciento. Sinaloa, con toda su “arquitectura institucional” para prevenir la violencia de género, presume en los hechos una eficacia inversa: los feminicidios suben, las mujeres caen y el Estado llega, casi siempre, después de los disparos.

Carolina no debería ser sólo otro nombre en la lista. Pero en un estado donde asesinan mujeres cada tercer día, donde las balas ya sustituyeron a la prevención y donde los mensajes criminales pesan más que las alertas institucionales, el riesgo es que su muerte termine archivada como tantas otras: un caso más, una carpeta más, una mujer menos.

Con información: NOROESTE/

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