Sinaloa no sólo acumula muertos, desaparecidos y balaceras: la narcoguerra también le vació la caja registradora. En dos años, la economía estatal quedó en medio de una emboscada: miles de negocios bajaron la cortina y decenas de miles de empleos cayeron en la refriega.

La economía de Sinaloa también quedó tirada en la escena del crimen

Mientras las balas parten la noche y los convoyes se disputan el territorio, la economía sinaloense recibió su propia ráfaga: dos años de narcoguerra han dejado una masacre en los negocios, el empleo y la confianza.

No se trata sólo de cadáveres, desaparecidos, vehículos robados o familias desplazadas. En esta guerra también han caído changarros, comercios, inversiones y nóminas.

Según la estimación de César Miguel Valenzuela Espinoza, en el campo de batalla económico ya quedaron 3 mil 500 negocios cerrados y 37 mil 350 empleos perdidos. No fueron daños colaterales: fueron bajas directas de un estado donde abrir la cortina se volvió una operación de alto riesgo.

La violencia no llegó únicamente a las colonias, carreteras y pueblos; se metió a las cajas, espantó al cliente, apagó los restaurantes temprano y convirtió la inversión en una especie en peligro de extinción. Cada balacera es una alarma para el consumo; cada bloqueo, una emboscada a la cadena de suministro; cada negocio que cierra, otra persiana convertida en lápida.

La guerra entre facciones no sólo dejó plomo en las calles y víctimas inocentes: dejó una economía perforada. Sinaloa entra al tercer año de este enfrentamiento con el comercio bajo fuego, el empleo en retirada y la iniciativa privada contando pérdidas como quien levanta cuerpos después de un toponazo.

Porque aquí no sólo matan personas. También ejecutan proyectos, desaparecen ingresos y rematan negocios que ya no pueden sobrevivir entre el miedo, la extorsión, la incertidumbre y el silencio oficial.

Con información: RIO DOCE/

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *