El 15 de septiembre, la Defensa anunció para Mazatlán 1,600 militares, incluidos 100 de Fuerzas Especiales. El 27 de septiembre llegaron otros 100 integrantes de ese cuerpo. No es la misma noticia reciclada: es un nuevo contingente presentado con la misma promesa de «reforzar» la seguridad. La pregunta incómoda ya no es cuántos bajan del avión, sino qué cambió después del despliegue anterior para que hiciera falta repetir la dosis doce días más tarde.

El comunicado como resultado

La nota sobre el arribo detalla la aeronave, la hora aproximada de llegada y las tareas anunciadas: patrullajes, reconocimientos terrestres y medidas disuasivas. Pero no informa cuánto permanecerán los efectivos ni en qué zonas actuarán. Esos datos pueden reservarse por razones operativas; lo que no tendría que reservarse es el criterio para evaluar el operativo: qué delitos se busca reducir, en qué plazo y con qué resultado verificable.

La propaganda empieza cuando el traslado se vende como si fuera el logro. En una guerra formal, anunciar refuerzos puede ser un mensaje de moral para los propios y de disuasión para el adversario. Pero ninguna fuerza seria confundiría el anuncio de que llegó una unidad con la prueba de que ganó terreno.

Aquí ocurre esa sustitución: se comunica el movimiento de tropas en lugar de demostrar que la población está más segura. No hay que revelar blancos ni rutas tácticas para rendir cuentas; basta publicar indicadores comparables antes y después.

La aritmética del fracaso

A mediados de septiembre, Revista Espejo contaba al menos seis anuncios de reforzamiento desde julio y estimaba alrededor de 11,400 elementos de distintas corporaciones desplegados en Mazatlán. En ese mismo reporte registraba, con un conteo expresamente extraoficial, unos 38 asesinatos durante los primeros quince días de septiembre. La coincidencia no demuestra que cada refuerzo haya sido inútil: sí impide presentar la mera acumulación de uniformados como prueba de eficacia.

Tampoco sería riguroso decir que los operativos «no hacen nada». El 25 de septiembre se reportaron siete acciones con ocho detenidos y aseguramientos de armas, cartuchos y otros objetos. El punto es otro: detenciones y decomisos son actividad; seguridad sostenida es resultado.

Para saber si esta nueva tanda sirve, hay que contrastar la evolución de homicidios, ataques y otros delitos con los despliegues, no sumar efectivos como si fueran goles.

El reforzamiento perpetuo

El mecanismo se parece a mandar otro camión de bomberos cada semana a un edificio que sigue ardiendo y celebrar la llegada del vehículo sin preguntar quién alimenta el fuego. O a presumir que se añadieron candados mientras los intrusos conservan las llaves. El refuerzo puede contener un episodio, proteger una zona o facilitar una captura; si después de cada anuncio hace falta otro anuncio idéntico, la estrategia debe explicar qué está resolviendo y qué no.

La tesis no es que 100 elementos jamás puedan servir. Es que el poder convirtió el refuerzo en una unidad de propaganda: llega el avión, sale el comunicado, se anuncia la disuasión y el marcador vuelve a cero.

Esta vez, antes de aplaudir la fotografía del contingente, toca exigir una respuesta menos vistosa y más difícil: ¿qué resultado dejó el refuerzo anterior, y cómo sabremos si estos otros 100 cambiaron algo?

Con información: NOROESTE/

Deja un comentario:

Descubre más desde ValorTamaulipeco

Suscríbete ahora para seguir leyendo y obtener acceso al archivo completo.

Seguir leyendo