Al sistema de salud mexicano le urge menos aplauso y más eficacia. En dos indicadores que importan bastante más que un discurso —evitar muertes mediante prevención y mediante atención oportuna—, México queda peor que el promedio de América Latina y el Caribe. Frente a la OCDE, la distancia es todavía mayor. Así lo documenta el Panorama de la Salud: América Latina y el Caribe 2026, elaborado por la OCDE, el Banco Interamericano de Desarrollo y el Banco Mundial.
La tabla es un balde de agua fría para cualquier celebración oficial: México registra 135 muertes por causas tratables por cada 100 mil habitantes, frente a 130 en la región y 57 en la OCDE. La tasa mexicana es aproximadamente 2.4 veces la de esta última. Son causas de muerte que, según el informe, deberían evitarse mediante atención médica oportuna y efectiva. En otras palabras: aquí el examen no consiste en anunciar servicios, sino en conseguir que funcionen cuando una vida depende de ellos.
Trabajadores del IMSS luchando por un trabajo más digno y mejor servicio de salud siendo reprimidos por el régimen // sexoservidoras y personas trans destrozando la delegación Cuauhtémoc @AlessandraRdlv sin que haya represión alguna. Dos eventos factuales/ reales. Dos respuestas diametralmente distintas del régimen. A lo justo, represión. A lo injusto, impunidad. #SangreDeAtole.
— Ghaleb Krame, Ph.D. (@GhalebKrame) October 10, 2026
En prevención tampoco hay diploma que presumir. México registra 176 muertes por causas prevenibles por cada 100 mil habitantes; América Latina y el Caribe, 167; y la OCDE, 105. Estas tasas están estandarizadas por edad. El país queda por detrás del promedio regional tanto en prevenir muertes como en evitar las que pueden reducirse con una atención eficaz. Dos frentes, dos resultados incómodos.
La vacunación infantil remata el retrato. La cobertura de la tercera dosis contra difteria, tétanos y tosferina entre niños de un año es de 78% en México, frente a 86% en América Latina y el Caribe y 93% en la OCDE. Ocho puntos por debajo de la región y 15 por debajo de la organización. No es un detalle administrativo: es un rezago en una herramienta básica de prevención. Antes de presumir grandes transformaciones, habría que completar lo elemental.
Eso sí: tampoco se vale hacer malabares con el calendario. Aunque el informe lleva “2026” en la portada, la tabla utiliza datos de 2024 o del último año disponible, y de 2023 o anteriores para mortalidad evitable. Es un diagnóstico de rezagos documentados, no una medición en tiempo real ni una licencia para adjudicar todos los resultados al gobierno que resulte más cómodo señalar.
El documento también advierte que las diferencias entre países pueden reflejar problemas de acceso, de calidad y de información, y que los indicadores disponibles ofrecen una visión parcial del desempeño sanitario. La crítica no necesita inflar lo que dicen las cifras: basta con leerlas. En los indicadores citados, México ni siquiera alcanza el promedio latinoamericano. El sistema podrá aprobar su propio boletín; el examen de prevenir y atender sigue dejando resultados que no se arreglan con una conferencia de prensa
Con información: ELNORTE/
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