La justicia podrá tardar para los ciudadanos, pero el ascenso del yerno encontró vía rápida. Unos meses después de que Javier Flores Saldívar asumiera la titularidad de la Fiscalía General de Justicia del Estado, Juan Ángel Sarabia Cortés, esposo de una de sus hijas, pasó de agente del Ministerio Público Investigador a director general de Investigación y Litigación. Un salto hasta un cargo situado únicamente por debajo de su suegro y del vicefiscal del Ministerio Público, Luis Orozco.

Qué bonita es la autonomía: especialmente cuando el organigrama empieza a parecer álbum familiar.

Según copias de documentos a los que EL NORTE tuvo acceso y cuya información fue verificada en el sitio del SAT, en enero de 2025, antes de que Flores llegara a la Fiscalía, Sarabia percibía un sueldo diario de 2 mil 452.53 pesos y un ingreso mensual de 82 mil 093 pesos, incluida una compensación del Isssteleón.

Después del ascenso, un documento fechado en abril del año referido en la información sitúa su sueldo diario en 5 mil 484.27 pesos y sus ingresos mensuales en 168 mil 998 pesos, también con la compensación. El incremento del sueldo base fue de 123 por ciento.

La carrera profesional dio un salto formidable. La explicación pública de semejante salto, en cambio, sigue sin aparecer en la información disponible. El parentesco no demuestra por sí solo una irregularidad, pero tampoco vuelve impertinente una pregunta elemental: ¿qué criterios justificaron colocar al yerno del fiscal en uno de los puestos más altos de la institución?

Primero, el acuerdo político; después, el ascenso familiar

Flores asumió el 18 de febrero de 2025, después de una negociación que, según la información proporcionada, fue impuesta desde la Presidencia de la República entre las fuerzas políticas del estado: básicamente, el gobernador Samuel García y Adrián de la Garza, en representación del PRI y del PAN.

La Fiscalía llevaba dos años y cuatro meses sin titular por la falta de acuerdos entre el Legislativo, dominado por PRI y PAN, y el gobernador de Movimiento Ciudadano. Para resolver la vacante hicieron falta meses de disputa y una negociación desde arriba. Para el ascenso del yerno, lo que se conoce es el resultado: un puesto de primer nivel y un sueldo considerablemente más generoso.

Sarabia está casado con una hija del fiscal desde noviembre de 2013. El vínculo familiar, por tanto, no es una novedad descubierta después del nombramiento: llevaba más de una década ahí.

Un director visible en los eventos e invisible en los registros

El 2 de abril de 2025, la Fiscalía anunció una reestructura. En aquella publicación no incluyó a Sarabia y todavía mencionaba a David Ramos como director general de Investigación y Litigación.

El directorio público, por su parte, presenta cargos sin nombres. Ahí, la Dirección General de Investigación y Litigación ocupa el tercer lugar de una lista de 90 mandos, y el alta de su actual titular aparece fechada en agosto de 2025.

Una transparencia exquisitamente selectiva: permite conocer el asiento, pero no quién se sentó.

El nombre de Sarabia no figura oficialmente en las herramientas de acceso público mencionadas en la información. Sin embargo, sí ha participado en actos de la Fiscalía ostentando el cargo. En octubre de 2025, por ejemplo, compartió un panel con su suegro durante la presentación de la nueva Política de Persecución Penal, en la Facultad de Derecho de la UANL.

Para salir en el panel, director. Para aparecer con nombre y apellido en los registros públicos, misterio administrativo.

La nómina también sabe guardar silencio

El sueldo actual del yerno no está disponible públicamente. Según la información proporcionada, la Fiscalía lleva varios años sin transparentar su nómina completa y, en mayo del año referido en el reporte, dejó de publicarla para difundir únicamente las remuneraciones de su titular.

Así, el ciudadano puede conocer cuánto cobra el fiscal, pero no consultar de manera completa cuánto perciben quienes trabajan bajo sus órdenes. Entre ellos, casualmente, su yerno.

Los documentos citados acreditan el salto de cargo y de sueldo; no prueban, por sí solos, que Flores haya ordenado el ascenso ni que se haya cometido un delito. Pero dejan una escena que exige explicaciones, no reverencias: un familiar del titular colocado cerca de la cima, un incremento de 123 por ciento en el sueldo base y registros públicos que no permiten seguir con claridad su trayectoria.

La Fiscalía investiga a los demás. Sobre este ascenso, le toca explicarse a sí misma.

¿Qué nos sorprende? A Calígula se le atribuye la intención de hacer cónsul a su caballo. Aquí el ascenso del yerno no se quedó en intención: vino con cargo y aumento de sueldo. La diferencia entre la extravagancia imperial y la modernidad institucional es que ahora al establo le llaman organigrama.

Con información: ELNORTE/

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