Se pusieron nombre de caricatura, pero las aventuras que les atribuyen no tienen nada de infantiles: armas, drogas y una guerra que sigue desangrando Sinaloa. Ahora, a Los Rugrats, el brazo armado de La Mayiza encabezado por Carlos Páez Pereda, alias Carlitos Rugrats, les llegó una sacudida: al menos 19 presuntos integrantes detenidos entre el 10 y el 15 de octubre, entre ellos operadores importantes y cinco familiares del señalado jefe criminal.

En la guerra intestina del Cartel de Sinaloa, Los Chapitos han acumulado golpes y reflectores. Del otro lado, los herederos de Ismael El Mayo Zambada han mantenido un perfil menos estridente. Menos espectáculo, sí; menos violencia, no. La discreción tampoco equivale a un pase de inmunidad: los operativos contra Los Rugrats pusieron bajo presión a una de las principales estructuras armadas del Mayito Flaco en Culiacán.

El golpe más relevante tiene nombre y apodo: José Luis Páez Pereda, El Wicho, identificado como hermano de Carlitos, presunto responsable de las finanzas y segundo al mando de la organización. Su detención fue anunciada el 15 de octubre. Según la Secretaría de Defensa, fue capturado en Villa Unión, municipio de Mazatlán, y es requerido en el Distrito Central de California por posesión de cocaína con intención de distribuirla. Es decir, la captura apunta al área que presuntamente administra el dinero y la logística del grupo, no solo a sus pistoleros.

Del nombre de caricatura a los operativos

Carlitos Rugrats, de 30 años y originario de Laguna Colorada, Sinaloa, tomó para su organización el nombre y elementos de la serie animada Aventuras en pañales, con referencia particular a Carlitos Finster. La ocurrencia acaba en la marca: las autoridades estadounidenses lo señalan como un operador de alto nivel de Los Mayos, presuntamente vinculado con el tráfico de fentanilo, metanfetamina y cocaína, además de asesinatos y secuestros para sostener las operaciones del cartel.

En redes sociales, según la información proporcionada, presume armas, drogas y fajos de billetes. Un escaparate de poder criminal donde el dinero posa para la cámara y las víctimas quedan fuera del encuadre.

La reciente cadena de detenciones alcanzó a Jesús Darío N, alias Cara de Cochi, capturado en Valle de Bravo junto con otros siete presuntos colaboradores. La Fiscalía del Estado de México lo identifica como supuesto jefe de seguridad de Carlitos y dirigente de La Barredora 24/7, célula vinculada con el Cartel de Caborca, aliado estratégico de La Mayiza.

En un operativo simultáneo en Toluca fueron detenidos tres colombianos, entre ellos Cristian N, señalado como uno de los operadores logísticos del líder del grupo.

Los arrestos también alcanzaron el círculo familiar de Páez Pereda. Además de El Wicho, fueron detenidas Leslie Dennise Pereda García y Aglaee Ramírez Páez, identificadas como primas del presunto jefe y señaladas por labores logísticas; así como Claudia Selene García Ontiveros y Francisco Javier Ramírez Agüero, identificados como su tía y su tío. Entre las personas aprehendidas también figuran Carlota Murillo Avendaño, María Alejandrina Páez Sainz y Ana Cristina Ramírez Páez. El parentesco, por sí solo, no acredita responsabilidad penal: las imputaciones deben sostenerse con pruebas, no con un árbol genealógico.

Un golpe al dinero, no el funeral de la célula

Para Víctor Manuel Sánchez, profesor investigador de la Universidad Autónoma de Coahuila, la captura de El Wicho importa por dos razones: afecta la operación del grupo y podría abrir la puerta a información que permita nuevas detenciones. Pero conviene guardar la fanfarria: golpear una estructura no equivale a desmantelarla.

El especialista describe a Los Rugrats como la principal célula de choque de La Mayiza en Sinaloa y, específicamente en Culiacán, como su aparato sicarial con más integrantes y mejor armamento. Eso no significa que sean la organización más poderosa de toda la facción: los herederos del Mayo cuentan con otras estructuras regionales, como Los Cabrera, Los Salgueiro, Los Arzate y Los Rusos.

Parte de los integrantes de Los Rugrats, explica Sánchez, procede de remanentes jóvenes de Los Ántrax, la organización creada por Rodrigo Aréchiga, alias Chino Ántrax. La continuidad tiene poco de novedosa: caen mandos, sobreviven pistoleros y aparece otro nombre para seguir con el negocio. Cambia la marca; la violencia conserva la franquicia.

Aunque buena parte del grupo es originaria de Culiacán, sus integrantes han sido enviados a Mazatlán y Escuinapa para disputar el sur de Sinaloa. Las detenciones, por tanto, no solo afectan al entorno de Carlitos: también presionan una pieza del despliegue territorial del Mayito Flaco.

La caricatura no paga las armas: el narcotráfico, sí

Según el FBI, Carlitos Rugrats gestiona parte del transporte de drogas desde Sinaloa hasta Tijuana, para su distribución en el sur de California y otros destinos estadounidenses.

Sánchez explica que el grupo aprovecha corredores fronterizos controlados por aliados de La Mayiza, entre ellos los hermanos René y Alfonso Arzate, conocidos como La Rana y Aquiles, y Los Rusos en Mexicali. El mecanismo, según su descripción, consiste en pagar un porcentaje por utilizar esas rutas, conservar la mayor parte de las ganancias y entregar al Mayito Flaco la porción correspondiente.

De ese circuito saldrían recursos para reclutar sicarios, comprar armas y pagar sobornos. Detrás del apodo de caricatura no hay una travesura: hay una estructura que necesita dinero constante para sostener su capacidad de violencia.

Las 19 detenciones representan un golpe importante, pero no autorizan a dar por terminada la historia. La advertencia del investigador es menos vistosa que cualquier anuncio triunfal y bastante más precisa: Los Rugrats sintieron el impacto, aunque la célula sigue operativa. Por ahora, las autoridades han detenido a parte de su estructura; todavía no han cerrado el negocio.

Con información: DIARIO ESPAÑOL/ELPAIS

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