En la mesa de Código Magenta, el escándalo del INE se plantea como algo más que una novela de contratos, romance y champaña: una disputa por el botín. La hipótesis de los panelistas es que Presidencia habría impulsado la salida de Guadalupe Taddei para desplazar a un grupo y entregar el control a otro. Limpieza institucional, sí… pero con sospechoso olor a mudanza de intereses.
Según esa lectura, detrás del pleito estaría la renovación tecnológica del instituto rumbo a 2027 y una confrontación entre José Alfredo Hernández, señalado como proveedor favorecido, y Pepe Merino, responsable de la estrategia digital del Gobierno. La mesa interpreta las filtraciones como munición de esa guerra interna, aunque la transcripción no aporta pruebas que permitan dar por acreditada esa operación.
El señalamiento de fondo apunta a Morena: los participantes le reprochan haber debilitado los contrapesos y concentrado atribuciones en la presidencia del INE. Ahora, sostienen, el oficialismo pretende hacerse el sorprendido frente al desorden que ayudó a cocinar. La pregunta incómoda no es quién descorcha la champaña, sino quién firma los contratos, quién cobra y quién termina pagando los platos rotos.
El cierre es una advertencia: quitar a una persona no sanea una institución si permanecen la discrecionalidad y las mismas redes de proveedores. Sin investigaciones y responsabilidades acreditadas, la anticorrupción corre el riesgo de quedarse en lo de siempre: fuera los de antes, que ya llegaron los nuestros.
Con información: CODIGO MAGENTA/
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