El periodismo que censura a la carta en Tamaulipas,que aprovecha resquicios que provocan la coyuntura de un mal convenio con el gobierno, suele beneficiar a los ciudadanos, pues como ya se sabe y se sabe bien, cuando las comadres se pelean,se dicen sus verdades.
Y ese es parece ser el caso del periodista y editor Marco Esquivel,que luego de un breve lapsus de confrontación con el gobierno humanista en turno, ya no es capaz de esbozar una queja del gobierno y su gobernador Americo Villarreal Anaya, tras llegar a un buen arreglo con el nuevo corruptor de la prensa en Tamaulipas,Francisco «Paco» Cuellar.
Pero ahora, todo indica que busca someter por la misma via y tundiendo a teclazos al aun alcalde de Altamira ,Armando Martínez,que al igual que el alcalde electo de Ciudad Madero,es otro viejo beneficiario del extinto «rey del Huachicol» Sergio Carmona , pero que ademas despacha desde donde lo hace el Cartel del Golfo,pues como ya se sabe, es desde Altamira donde se opera la matriz de esta Organización criminal intocada por el Gobierno y que ya intima con la nueva alcaldesa de Morena,Monica Villarreal desde los tiempos de campaña, aunque igual lo hace con los «Americos»,misma a quien el alcalde de Altamira les ha cedido posiciones para consentirlos.
Que dice el periodista del alcalde ,su familia, violencia,rupturas. aficiones a las drogas,aunque no dijoe nada de su perro que vive con aire acondicionado.

«…En la cima del poder, observa cómo la vida de sus hijos, aquellos a quienes dotó de todo, se desploma en un abismo de autodestrucción. No es un secreto que uno de ellos, quien otrora fuera la promesa del linaje, ha sucumbido a las garras de la adicción. En varias ocasiones internado en centros de rehabilitación, sufre en silencio la batalla contra los demonios que él mismo desató. La sombra de su violencia hacia quien fue su esposa y la fractura de su orientación sexual han dejado cicatrices que ni el tiempo podrá borrar.
El lamento resuena entre las paredes de su fastuosa residencia, donde el eco de sus decisiones reverbera con una amarga ironía. Su hijo, antaño símbolo de orgullo, ha dejado tras de sí un rastro de dolor que culmina en un niño inocente, atrapado en un legado de culpa y confusión. La sociedad murmura, juzga; pero el mayor castigo es la soledad que ahora lo acompaña, una soledad que ni el poder ni la riqueza pueden mitigar.
Los otros herederos tampoco se quedan atrás en esta tragedia familiar. Aprovechando el manto protector del poder, se han aventurado en negocios turbios, enlodando el apellido que alguna vez fue sinónimo de respeto. Las sombras de sus actos ilícitos se extienden, amenazando con arrastrar al patriarca hacia un final indeseado, un final donde ni el más alto pedestal lo salvará del desprecio público.
Es irónico que, en el afán de moldear un legado indomable, haya engendrado lo contrario: una estirpe marcada por la decadencia. En lugar de sucesores dignos, lo rodean figuras que encarnan todo lo que alguna vez despreciaba. La realidad que enfrenta es cruda, un espejo que devuelve una imagen distorsionada de sus sueños y ambiciones.
Este destino no es fortuito. Es el reflejo de tus propias decisiones, de los valores que inculcó o, más bien, que omitió inculcar. La verdadera tragedia no radica en lo que se ha perdido, sino en lo que nunca se tuvo: la capacidad de amar y guiar sin el peso del poder como único referente.
Salió la historia al aire.
¿POR QUÉ COMPADEZCO A ARMANDO?
Porque el hombre anda perdido, se le olvidó cómo ganó, se le olvidó que esa histórica votación fue producto de una maquinaria llamada Morena, en donde han ganado desconocidos y que a lo mucho, se le puede reconocer el saber para qué sirve el dinero.
Compadezco a Armando, porque huele que tendrá un triste final como el que ya tiene Mario López “La Borrega” que pensó, soñó y se dijo así mismo que el pueblo lo quería y que eso le daba puntos para soñar en grande, por ejemplo, la gubernatura.
Armando Martínez, ¿todopoderoso? en Altamira, sueña que va a la grande… pobre hombre, pero bueno, se vale soñar.
Mientras él sigue comprando premios de dudosa procedencia, su pueblo sigue pagando caro el haber votado por él, cuando lo más sencillo era botarlo.
Con informacion: HoyTamaulipas/





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