Carlos de Anda,suspirante por la alcaldía de Nuevo Laredo bajo el sello «Canturosas», acaba de descubrir que en Morena no siempre gana quien presume más músculo: a veces basta con que desde arriba alguien levante la ceja —o el dedo— para que una candidatura quede sentenciada antes de que la militancia alcance a desempolvar la palabra “democracia”.

En Nuevo Laredo, Carlos de Anda parece haber recibido la notificación política sin sello, sin oficio y, por supuesto, sin consulta a las bases: Morena no puede llevar un candidato “caro”. Es decir, uno que implique demasiado esfuerzo, demasiada negociación o, peor todavía, demasiada competencia para quien ya trae el boleto aparentemente apartado en la fila de las decisiones de alto nivel.

El aspirante habló de reconocimiento, confianza, respaldo y competitividad, como si el método para definir candidaturas fuera una especie de concurso de méritos. Qué ternura. En la democracia “charchina”, esa versión tropicalizada de la participación interna donde la encuesta suele llegar después del veredicto, el respaldo determinante no siempre proviene de la ciudadanía ni de la militancia: a veces baja por elevador desde la oficina correcta.

De Anda no mencionó nombres, quizá por prudencia, quizá porque en política local hay verdades que se pronuncian solas. Pero la aludida parece tiene identificación oficial: Ninfa Cantú Deándar, secretaria de Economía del gobierno de Américo Villarreal, quien no sólo ha dejado claro que está “bien puesta” para buscar la alcaldía, sino que ha reconocido que cualquier definición de su futuro político corresponde a su jefe político: el gobernador. Una sinceridad institucional que, al menos, evita la fatigosa simulación de fingir que todo dependerá de una asamblea, una encuesta o un súbito arrebato democrático.

La paradoja es exquisita. Hace apenas unos meses, un estudio difundido por el propio entorno mediático local colocaba a Carlos de Anda al frente de las preferencias para la candidatura morenista, con 34.21 por ciento, apenas por encima de Ninfa Cantú Deándar, con 32.89 por ciento. En una lógica de competencia real, aquello habría sido el inicio de una disputa cerrada. En la lógica de la “charchina”, puede ser apenas el dato incómodo que se archiva en cuanto la voluntad superior empieza a perfilar la sucesión.

Así que De Anda no estaría perdiendo frente a una estructura partidista, una elección interna ni una ciudadanía movilizada. Su derrota, si se confirma, tendría otro nombre: el de la democracia de utilería, esa donde se habla de pueblo mientras el dedazo hace el trabajo pesado; donde se invoca la transformación, pero se conservan con admirable disciplina las viejas técnicas de selección; y donde el aspirante humanista mejor posicionado termina siendo el “caro” simplemente porque no era el candidato previamente presupuestado.

En Morena Nuevo Laredo, al parecer, no gana quien encabeza la encuesta ni quien presume rentabilidad electoral, ni quien trae la autorización de la plaza. Gana quien logra que la candidatura llegue envuelta como decisión inevitable. Y, cuando eso ocurre, la contienda no se pierde en las urnas: se pierde mucho antes, en la discreta, eficiente y profundamente antidemocrática oficina donde la “democracia charchina” ya repartió los turnos.

Quien es Ninfa Cantu:

Ninfa Cantú Deándar es hija de la influyente editora de El Mañana de Nuevo Laredo Ninfa María Deándar Martínez. La madre recibió la Medalla Belisario Domínguez en diciembre de 2024; la secretaria de Economía intervino en la ceremonia en su representación.

Pero para conocerla mejor,conviene revisar el apellido que gravita sobre la eventual candidatura.

Ninfa Cantú Deándar no recibió la Medalla Belisario Domínguez, pero sí tuvo asiento privilegiado en la ceremonia donde su madre, la periodista Ninfa María Deándar Martínez —directora de El Mañana de Nuevo Laredo— fue distinguida por el Senado en diciembre de 2024. La secretaria de Economía habló en representación de la galardonada y convirtió el homenaje en una escena de filiación política sin demasiados dobleces.

La propia Ninfa María Deándar, en tribuna y con apoyo de oxígeno debido a su estado de salud, dedicó elogios a Andrés Manuel López Obrador y lanzó una frase que se volvió la postal del acto: si era necesario, se irían con él “a La Chingada”, pero defenderían a la patria. El Senado, con mayoría morenista y aliados, aplaudió. La ceremonia solemne terminó pareciéndose menos a un reconocimiento civil incómodo para el poder y más a una reunión familiar donde la cercanía ideológica también tenía micrófono.

Así que Carlos de Anda no sólo estaría midiéndose contra una aspirante con cargo estatal, estructura gubernamental y cercanía con el gobernador Américo Villarreal. Estaría frente a un apellido con peso histórico en Nuevo Laredo, presencia mediática y una relación que Morena ya supo colocar bajo los reflectores del Senado.

No se trata de cuestionar la trayectoria de Ninfa María Deándar, ni de convertir un reconocimiento a una periodista en pecado hereditario. Se trata de advertir que, en la zoología electoral de Morena, hay apellidos que llegan con maleta, credencial, reflectores y red de seguridad. Mientras tanto, otros aspirantes llegan con encuestas, discursos sobre competitividad y la ingenua expectativa de que el partido decidirá mediante un proceso interno.

En esa democracia “charchina”, Carlos de Anda puede encabezar sondeos, decir que Morena no debe postular candidatos “caros” y hasta presentarse como rentable electoralmente. Pero cuando la candidatura parece cocinarse entre el escritorio del poder, la Secretaría de Economía, el peso simbólico de un apellido y los aplausos previamente acomodados, la encuesta deja de ser termómetro: se convierte en adorno.

Porque en Nuevo Laredo quizá la disputa no sea entre quién puede ganar la alcaldía, sino entre quién ya recibió, sin que nadie lo anuncie formalmente, la bendición que suele valer más que cualquier voto interno. Y si el dedazo ya encontró destinataria, a De Anda sólo le quedará descubrir que en Morena la derrota puede llegar antes de la campaña, antes de la encuesta definitiva y, desde luego, antes de la democracia.

Con información: Hoytamaulipas/

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