En Querétaro pusieron la primera piedra de una academia policial y en Palacio Nacional levantaron otra: la del desencuentro con Estados Unidos. La Presidenta Claudia Sheinbaum exigió explicaciones al Gobernador Panista Mauricio Kuri por encabezar, junto con el Embajador Ronald D. Johnson, el arranque de la Academia Internacional de Capacitación Policial. Antes de discutir qué aportaría el proyecto, el debate ya estaba instalado en quién dio permiso y quién faltó en la fotografía.
El reclamo presidencial fue contundente: “No puede poner una academia internacional sin la autorización del Gobierno de México”. La Cancillería precisó después que los alcances del centro, sus mecanismos de cooperación y sus instructores deben someterse a revisión federal y presentarse ante el GANSEG. Ese es el punto institucional que corresponde esclarecer. Pero una cosa es exigir el cumplimiento de las reglas y otra convertir cada acercamiento con Washington en una escena de sospecha política.

Porque aviso sí hubo. El oficio del Gobierno de Querétaro está fechado el 23 de septiembre y lleva un sello de recepción de la SRE del día 25. En él se anunció la visita de Johnson para el 2 de octubre y se afirmó que tendría efectos protocolarios, sin establecer mecanismos directos de cooperación internacional en seguridad ni permitir la intervención extranjera en funciones reservadas a las autoridades mexicanas.
Aquí está el matiz que ninguno de los bandos políticos debería esconder debajo del escritorio: notificar una visita no equivale a obtener autorización para un proyecto de cooperación. El documento acredita el aviso sobre la presencia del Embajador; no demuestra, por sí solo, que la academia y todos sus alcances hubieran sido presentados para revisión. Kuri no puede estirar el oficio hasta convertirlo en un permiso universal. Pero Palacio tampoco debería confundir esa diferencia con una invasión en marcha.
La SRE sostiene que el proyecto sí contempla cooperación en seguridad con un gobierno extranjero. De ser ese el punto pendiente, lo razonable es revisar el esquema, precisar responsabilidades y exigir los trámites correspondientes. No hace falta envolver cada procedimiento administrativo en la bandera ni tratar una ceremonia como si fuera el desembarco de una potencia ocupante.
Por instrucciones de Sheinbaum, Roberto Velasco habló con Kuri y ofreció acompañamiento de la Cancillería. Esa ruta institucional resulta bastante más útil que el regaño público: permite resolver lo que falta sin fabricar un pleito adicional.
La reacción presidencial deja, sin embargo, una impresión incómoda: más que una defensa serena de la soberanía, parece otro reflejo de animadversión hacia Estados Unidos. Es una lectura política, no una prueba de sus intenciones. Pero el tono importa: cuando primero se reprende y después se revisa, la cooperación termina presentada como sospechosa antes de conocer sus condiciones.
#cdmx #guadalajara #reynosa #cdjuarez LA "COARTADA FUE la SOBERANIA": "ADICIONES a la LEY de SEGURIDAD del PUÑO de AMLO FUE por sus ADICCIONES de PROTEGER el ARREGLO NARCO"…atajar el paso a EE.UU y que investigaciones vs criminales politicamente organizados mueran antes de nacer. https://t.co/v9rQkbtfhW
— Valor Tamaulipeco (@VaxTamaulipas) April 28, 2026
México necesita reglas claras, no concursos de susceptibilidad patriótica. Cooperar no significa subordinación; exigir autorización tampoco debería significar hostilidad. La soberanía se defiende fijando límites y haciendo cumplir la ley, no midiendo quién salió junto al Embajador.
Si al proyecto le faltan permisos, que los tramite. Si rebasa atribuciones, que lo corrijan. Pero hacer de cada acercamiento con Estados Unidos un nuevo agravio resta donde debería sumar. La primera piedra de una academia merece una revisión seria, no otra pedrada diplomática.
Con información: ELNORTE/




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