México tiene un nuevo misterio petrolero: un cargamento que aparece en los registros estadounidenses, pero al que Pemex no le reconoce parentesco. Según la Oficina del Censo de Estados Unidos, en junio de 2026 se exportaron a México 597 mil 27 barriles de petróleo crudo, por 69.67 millones de dólares. Pemex, consultado por El Financiero, aseguró que no ha importado crudo en lo que va del año. De un lado, la contabilidad marca flujo; del otro, la petrolera dice que por su tubería no pasó.
Bienvenidos al yacimiento de la opacidad: aquí lo que brota, por ahora, son preguntas.
No se perdió una cubeta: son casi 95 millones de litros
Antes de que alguien reduzca el asunto a «un detallito administrativo», dimensionemos el charco. Los 597 mil 27 barriles equivalen aproximadamente a 94.9 millones de litros, utilizando la conversión estándar de 158.987 litros por barril.
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— Valor Tamaulipeco (@VaxTamaulipas) September 30, 2026
Para imaginar semejante volumen:
- Alcanzaría para llenar casi 38 albercas de 50 metros de largo, 25 de ancho y dos de profundidad. No una piscina para remojar los pies: un complejo acuático entero, pero con prohibición absoluta de clavados. La comparación toma como referencia 2.5 millones de litros por alberca.
- Si se repartiera hipotéticamente en pipas de 30 mil litros, harían falta unas 3 mil 164. Es una equivalencia de volumen, no una afirmación sobre cómo se transportó el cargamento.
- Equivale a unas 42 horas de procesamiento de Deer Park, tomando como referencia los 340 mil barriles diarios que cita la nota. No significa que haya llegado a esa refinería: sirve para medir el tamaño del paquete.
En otras palabras: no estamos hablando del bidón que alguien dejó detrás de una gasolinera. Es un volumen industrial con precio de 69.67 millones de dólares y destinatario sin identificar en la información publicada. Un fantasma bastante caro para andar sin gafete.
Nueva Orleans: una pista aduanera, no el domicilio del culpable
El registro estadounidense ubica la operación en el distrito aduanero de Nueva Orleans, Luisiana, y clasifica el producto como petróleo crudo de 25 grados API o superior. Esa medida sirve para clasificar su densidad; no es una calificación de transparencia gubernamental, aunque aquí también haría falta medirla.
Pero ojo con meterle presión al pozo antes de revisar la válvula: el distrito aduanero no identifica por sí solo a la empresa compradora ni el destino final del petróleo en México. La información publicada ofrece volumen, valor y registro aduanero; no entrega el nombre de quien recibió el hidrocarburo.
Ahí está el brete: hay una operación asentada del lado estadounidense, pero falta la trazabilidad que permita seguirla hasta su receptor. Tenemos el principio de la tubería documental; del otro extremo todavía no sale una explicación.
Pemex cierra la válvula; Sener no contesta
Pemex negó haber importado petróleo crudo durante 2026 y afirmó que tampoco tiene registro de un permiso vigente para esas operaciones. La Secretaría de Energía fue consultada, pero no respondió. Además, según la revisión reportada por El Financiero, la dependencia no habría otorgado permisos de importación de crudo ni a Pemex ni a particulares.
La escena tiene su gracia involuntaria: Estados Unidos presenta el apunte comercial; Pemex responde «ese barril no es mío»; y Sener deja la pregunta esperando junto al teléfono.
El barril chiquito que también pide explicación
La nota agrega otro movimiento: en mayo se registraron 980 barriles enviados desde Laredo, Texas, por 41 mil 400 dólares. Es mucho menor que el de junio, pero también forma parte del expediente que necesita explicación.
Importar crudo no es traicionar a la patria: una refinería no procesa consignas
El otro componente del enredo es político. México produce petróleo, sí; pero eso no convierte cualquier crudo en la mezcla ideal para cualquier refinería. El especialista Fluvio Ruiz Alarcón explica en la nota que combinar distintos tipos de petróleo puede mejorar la operación y la obtención de combustibles de mayor valor. Comprar crudo en el extranjero es una práctica habitual en la industria, aunque en México choque con la idea de que un país productor no debería necesitarlo.
Una refinería se parece más a una cocina industrial que a una tribuna patriótica: importa qué ingredientes recibe y cómo está diseñada para procesarlos, no cuántas veces se grite «soberanía» frente al quemador.
El ejemplo citado es Deer Park, propiedad de Pemex en Texas: procesa alrededor de 340 mil barriles diarios, de los cuales unos 70 mil corresponden a crudo Maya mexicano; el resto procede de otros tipos de petróleo. Es decir, la propia petrolera trabaja allá con una mezcla, no con un juramento de pureza nacional.
Por eso, el escándalo no debería ser automáticamente «¡compraron petróleo!». La pregunta relevante es quién lo compró, bajo qué autorización, cómo se registró y dónde terminó.
Porque casi 600 mil barriles no caben debajo del escritorio. Y si lo que está perdido no es el petróleo sino la explicación, habrá que perforar menos discursos y sacar más papeles.
Con información: ELFINANCIERO/
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