Si a cualquier mortal le quitan la visa estadounidense, lo más cerca que vuelve a estar del sueño americano es viendo Netflix en la tele. Pero en la surrealista política mexicana, que te cancelen la visa siendo gobernador de Morena en Tamaulipas o Sonora no significa que te quedaste sin viajes al norte; significa que pasaste del turismo de shopping al turismo judicial con escolta federal incluida.

El periodista Armando Guzmán soltó desde Washington una bomba tras cruzar notas con Steve Fisher y el equipo del L.A. Times: Américo Villarreal (gobernador de Tamaulipas) y Alfonso Durazo (gobernador de Sonora) siguen cruzando la frontera hacia Estados Unidos a pesar de tener las visas revocadas.

¿El motivo del viaje? No van precisamente a los outlets de Houston a comprar ropa de marca ni a pasear a Disneylandia. Van a soltar la sopa.

  • El «Uber» del Tío Sam: Según las fuentes de Guzmán y Fisher, cuando Villarreal llega a la línea fronteriza, no hace fila como el resto de la plebe. Lo esperan guardias y agentes estadounidenses que lo reciben, lo escoltan hacia adentro del país y lo llevan derechito a una cita muy privada. A Durazo le aplican exactamente la misma cortesía.
  • El milagro del huachicol: A Villarreal lo traen en la mira por el jugoso negocio del huachicol —ese deporte nacional de ordeñar el petróleo que tanto dice Morena defender en los discursos—. Sin embargo, en lugar de cerrarle la puerta en la nariz o ponerle esposas en el puente, el gobierno estadounidense le extiende un permiso especial temporal (parole).
  • Cantando frente al Gran Jurado: En Washington nadie da pasos sin huarache. Esos permisos especiales solo se otorgan cuando el viaje le deja un «beneficio» directo a Estados Unidos. ¿Cuál es el beneficio aquí? El testimonio de ambos gobernadores frente a un Gran Jurado.

Nadie sabe todavía en qué corte exacta los tienen declarando ni a quiénes están poniendo en charola de plata para salvar el pellejo.

Lo único claro es el nivel de ironía: mientras en México presumen soberanía, en la frontera los meten con permiso prestado, por tiempo estrictamente limitado, para que hagan lo que tienen que hacer —hablar—, y en cuanto terminan de cantar, los empaquetan de regreso a sus estados a seguir gobernando como si nada.

Con información: ATYPICAL TV/

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